Organos
de las Naciones Unidas
Informe de la Alta
Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación de los
derechos humanos en Colombia.
E/CN.4/2001/15 |
COMISIÓN DE DERECHOS HUMANOS
57º período de sesiones
Tema 3 del programa provisional
ORGANIZACIÓN DE LOS TRABAJOS
Informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos sobre la situación de los derechos humanos en Colombia
ÍNDICE
Párrafos Página
INTRODUCCIÓN 1 - 4 5
I. VISITA DE LA ALTA COMISIONADA DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LOS DERECHOS HUMANOS A
COLOMBIA 5 - 9 6
II. ACTIVIDADES DE LA OFICINA 10 - 15 6
III. DIFICULTADES PARA EL DESARROLLO DEL MANDATO DE LA OFICINA 16 - 19 7
IV. CONTEXTO NACIONAL 20 - 23 9
ÍNDICE (continuación)
Párrafos Página
V. SITUACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS Y DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO 24 - 119 10
A. Derechos civiles y políticos 29 - 62 11
1. Derecho a la vida 29 - 38 11
2. Derecho a la integridad personal 39 - 42 13
3. Derecho a la libertad individual y a la seguridad personal 43 - 50 14
4. Derecho a la libertad de circulación 51 - 56 15
5. Derecho al debido proceso 57 - 62 16
B. Derechos económicos, sociales y culturales 63 - 75 18
1. Derecho al trabajo y libertades sindicales 67 - 68 18
2. Derecho a la educación 69 - 72 19
3. Otros derechos 73 - 75 19
C. Derechos del niño y la niña 76 - 80 20
D. Derechos de la mujer 81 - 85 21
E. Principales infracciones al derecho internacional humanitario 86 - 119 22
1. Homicidios y amenazas 86 - 91 22
2. Ataques contra la población civil y ataques indiscriminados 92 - 97 23
3. Actos de terrorismo 98 24
4. Tortura y malos tratos 99 - 100 24
5. Toma de rehenes 101 - 107 24
6. Niños víctimas del conflicto armado y del reclutamiento 108 - 110 25
7. Desplazamiento forzado 111 - 112 26
8. Atentados contra la protección de la misión médica y ataques
a unidades y medios de transporte sanitario 113 - 117 26
9. Ataques a bienes civiles 118 - 119 27
ÍNDICE (continuación)
Párrafos Página
VI. SITUACIONES DE ESPECIAL PREOCUPACIÓN 120 - 201 27
1. Evolución del conflicto armado y negociaciones de paz 120 - 129 27
2. Evolución del paramilitarismo 130 - 137 30
3. Evolución del desplazamiento interno 138 - 148 32
4. Administración de justicia e impunidad 149 - 160 34
5. Situación carcelaria 161 - 168 36
6. Defensores de derechos humanos 169 - 173 38
7. Sindicalistas 174 - 181 39
8. Grupos étnicos 182 - 189 40
9. Libertad de opinión, expresión y enseñanza 190 - 196 42
10. Derechos políticos 197 - 201 43
VII. SEGUIMIENTO DE LAS RECOMENDACIONES INTERNACIONALES 202 - 231 44
A. Recomendaciones relacionadas con la adopción de medidas,
programas y políticas de derechos humanos y derecho
internacional humanitario 203 - 213 44
B. Recomendaciones atinentes a la legislación 214 - 221 47
C. Recomendaciones relativas al funcionamiento de la justicia 222 - 225 48
D. Recomendaciones relativas a la protección de grupos vulnerables 226 - 231 49
VIII. ACTIVIDADES DE ASESORAMIENTO Y ASISTENCIA
TÉCNICA DE LA OFICINA EN COLOMBIA 232 - 249 50
A. Cooperación con la Vicepresidencia 234 - 235 50
B. Cooperación con el sistema de administración de justicia 236 - 242 50
C. Cooperación con instituciones académicas 243 - 244 52
D. Cooperación con organizaciones no gubernamentales 245 - 249 52
IX. CONCLUSIONES 250 - 268 53
X. RECOMENDACIONES 269 - 289 56
Lista de abreviaciones
ACCU Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá
ACVC Asociación Campesina del Valle Río Cimitarra
ANTHOC Sindicato Nacional de Trabajadores de Salud en Colombia
ASFADDES Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos
AUC Autodefensas Unidas de Colombia
CICR Comité Internacional de la Cruz Roja
CODHES Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento
CONPES Consejo de Política Económica y Social
CREDHOS Corporación Regional para la Defensa de los Derechos Humanos
CTI Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía
CUT Central Unitaria de Trabajadores
DANE Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas
DAS Departamento Administrativo de Seguridad
DIAN Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales
DIJIN Dirección de Policía Judicial
DNP Departamento Nacional de Planeación
ELN Ejército de Liberación Nacional
EPL Ejército Popular de Liberación
ERG Ejército Revolucionario Guevarista
FARC Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
FECODE Federación Colombiana de Educadores
FENALTRASE Federación Nacional de Trabajadores al Servicio del Estado
ICBF Instituto Colombiano de Bienestar Familiar
INPEC Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario
IPC Instituto Popular de Capacitación
OACNUDH Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos en Colombia
OFP Organización Femenina Popular
OIT Organización Internacional del Trabajo
PIB Producto Interno Bruto
PNUD Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
SIJIN Seccional de Policía Judicial
SINTRAEMSDES Sindicato de Trabajadores de Empresas Municipales y
Departamentales
UC Unión Camilista
UNICEF Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
INTRODUCCIÓN
- Desde hace ya algunos años, la Comisión de Derechos Humanos viene siguiendo con
preocupación la situación de los derechos humanos en Colombia. Esto se ha visto
reflejado en sucesivas declaraciones por parte de su Presidente. La Comisión de Derechos
Humanos solicitó en 1996 a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Derechos Humanos establecer una oficina en Colombia, teniendo en cuenta la invitación
del Gobierno de este país.
- El 26 de noviembre de 1996 fue establecida la Oficina del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia (OACNUDH), mediante acuerdo firmado
por el Gobierno de ese país y el entonces Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Derechos Humanos. En el marco de este acuerdo, la Oficina debe observar la situación
de los derechos humanos y de derecho internacional humanitario con el objeto de asesorar a
las autoridades colombianas en la formulación y aplicación de políticas, programas y
medidas para la promoción y protección de los derechos humanos, en el contexto de
violencia y conflicto armado interno que vive el país. Ello debe permitir a la Alta
Comisionada presentar informes analíticos a la Comisión de Derechos Humanos. El acuerdo
fue prorrogado por tercera vez, hasta abril de 2002.
- En el 56º período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos (2000) la
Declaración de la Presidencia consideró que la Oficina "sigue desempeñando una
función vital en la lucha contra las violaciones de los derechos humanos y del derecho
internacional humanitario..." y señaló que "sigue creyendo que la valiosa
labor de promoción y protección de los derechos humanos que realiza al ayudar a las
autoridades de Colombia a formular políticas y programas en ese ámbito es de máxima
importancia y la apoya plenamente". Asimismo agregó que la Comisión
"recomienda que se amplíe la presencia de la Oficina del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos más allá de Bogotá" y solicitó a la
Alta Comisionoada la presentación de "un informe detallado que contenga un análisis
de la Oficina de Bogotá sobre la situación de derechos humanos en Colombia".
- El presente informe corresponde al período comprendido entre enero y diciembre de 2000
y se basa en la información recogida por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos en Colombia, directamente o a través de sus
interlocutores, y analizada por la misma. La Oficina esencialmente en el desarrollo de sus
funciones de observación, recibe quejas y se desplaza la las regiones para observar
directamente muchas situaciones concretas que se presentan en el país y que se relacionan
con su mandato. Así, mediante sus entrevistas y reuniones con víctimas, testigos,
autoridades nacionales y locales, tanto civiles como militares, y su observación directa
a través de sus viajes, la Oficina analiza los datos e informaciones, y evalúa los
comportamientos de los distintos actores involucrados, tanto en los hechos violatorios
como en las responsabilidades de actuación para la prevención o la protección. Como
resultado de este ejercicio, la Oficina traslada sus preocupaciones a las autoridades
competentes y presenta las recomendaciones que considere pertinentes para hacer frente a
esas diversas situaciones. En relación con ello enfoca, además, su asesoría legal y la
cooperación y asistencia técnica con las instituciones, respondiendo al resultado de
dicha observación, al diagnóstico elaborado y a los obstáculos y dificultades
identificados.
I. VISITA DE LA ALTA COMISIONADA DE LAS NACIONES UNIDAS
PARA LOS DERECHOS HUMANOS A COLOMBIA
- La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos visitó el país
entre el 3 y el 4 de diciembre de 2000. Los propósitos de la visita fueron verificar la
situación de derechos humanos, impulsar la labor de su Oficina en Colombia y resaltar el
papel cumplido, tanto por su Director como por su equipo de trabajo. Su presencia en
Colombia se produjo en momentos críticos para el país y cuando se vislumbraba una
posible ruptura del proceso de paz con las FARC.
- En su segunda visita a Bogotá, la Alta Comisionada se entrevistó con el Presidente de
la República, Andrés Pastrana Arango, con la Comisión Intersectorial de Derechos
Humanos, integrada por ministros del despacho y las cabezas de las instituciones
judiciales y de control, con el Ministro de Trabajo, con el Defensor del Pueblo, con
líderes políticos y empresariales, con periodistas, con más de 20 representantes de
organizaciones de derechos humanos, de los sindicatos, del movimiento por la paz, de
indígenas y de afrocolombianos, y con representantes de las agencias del sistema.
Intervino, igualmente, en una rueda de prensa con los principales medios de comunicación
del país.
- La visita de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
permitió el envío de mensajes firmes, no sólo sobre la importancia de los derechos
humanos para un Estado de derecho sino también sobre la necesidad de construir en el
país una paz negociada. En este sentido, llamó a la sociedad civil a superar la aguda
polarización y a desechar las posiciones guerreristas.
- La Alta Comisionada, en mensajes dirigidos al Gobierno, a los actores armados y a la
sociedad colombiana, hizo énfasis en varios puntos concretos. A todos los actores armados
les reiteró que los principios humanitarios no son negociables ni adaptables. Instó al
Gobierno, en particular, a poner en marcha un mecanismo eficaz para la lucha contra el
fenómeno del paramilitarismo, a abordar las causas estructurales de la crisis carcelaria,
a acelerar la adopción de un Plan de acción nacional en derechos humanos y a adelantar
una evaluación independiente del Programa de Protección de Defensores de Derechos
Humanos del Ministerio del Interior.
- Al Gobierno, a todos los actores armados y a la sociedad colombiana en su conjunto les
reiteró la importancia de respaldar con mayor fuerza la suscripción de un Acuerdo Global
de Derechos Humanos y de Derecho Internacional Humanitario como un paso importante para la
reafirmación de valores comunes y para el fortalecimiento del proceso de negociación de
paz.
II. ACTIVIDADES DE LA OFICINA
- En el año 2000, la Oficina continuó su actividades buscando intensificar el
fortalecimiento de cada una de sus áreas de trabajo, es decir, de observación, de
asesoría legal y de cooperación técnica.
- Las quejas presentadas ante la Oficina continuaron siendo una fuente privilegiada de
acceso y comprensión de la realidad del país. En 2000 se recibieron 1017 quejas, de las
cuales 759 fueron admitidas. Se enviaron 108 comunicaciones a las autoridades y se
emprendieron numerosas gestiones directas. La Oficina realizó viajes a distintas regiones
del país, completando un total de 65 visitas al terreno y de 145 días de actividades
fuera de Bogotá. Estos viajes se han focalizado esencialmente sobre regiones de especial
preocupación por la gravedad de las violaciones de derechos humanos y de las infracciones
al derecho internacional humanitario, en zonas donde se identificaron posibilidades de
prevención de tales violaciones e infracciones, y en localidades donde el acompañamiento
a las víctimas se hizo indispensable.
- La Oficina incrementó sus actividades relacionadas con el asesoramiento jurídico.
Asistió a numerosas reuniones de trabajo en el seno de comités y otras instancias para
impulsar investigaciones de violaciones de derechos humanos e infracciones al derecho
internacional humanitario, elaborar programas e identificar acciones para la protección y
garantía de estos derechos, y para impulsar el seguimiento de las recomendaciones. La
Oficina elaboró cuatro Hojas Informativas (publicaciones que tienen por objeto precisar,
en el marco de la normativa internacional, conceptos que contribuyan al análisis de temas
de actualidad nacional).
- Asimismo, se publicó, en colaboración con la Universidad Nacional, una recopilación y
actualización de las recomendaciones internacionales hechas a Colombia en materia de
derechos humanos y derecho internacional humanitario. También se prepararon dos
compilaciones, una de instrumentos de Derecho internacional de derechos humanos, de
derecho internacional humanitario y de derecho penal internacional y otra de
jurisprudencia y doctrina internacional y nacional en la materia (véase el capítulo
VIII). Adicionalmente, la Oficina publicó un boletín sobre normas de seguridad y de
autoprotección.
- En cuanto a la tarea de asesoramiento y asistencia técnica, la Oficina continuó
intensificando su diálogo y desarrollando los proyectos con las instituciones colombianas
encargadas de la protección y promoción de los derechos humanos, así como con las
organizaciones no gubernamentales e instituciones académicas (véase el capítulo VIII).
- Como parte de su política de promoción y difusión, la Oficina participó en numerosas
actividades (seminarios, foros, talleres y conferencias). Realizó ademas dos talleres
regionales con organizaciones no gubernamentales (véase el capítulo VIII). Asimismo, en
el marco del trabajo con los medios de comunicación, la Oficina incorporó un oficial
encargado del tema y llevó a cabo reuniones y talleres con periodistas. Su Director
concedió varias entrevistas, convocó conferencias de prensa y mantuvo numerosas
reuniones de trabajo con los directores de los más importantes medios del país. La
Oficina elaboró también 17 comunicados de prensa.
III. DIFICULTADES PARA EL DESARROLLO DEL MANDATO DE LA OFICINA
- El pleno desarrollo del mandato de la Oficina se ha visto confrontado por algunas
dificultades que son importantes señalar. La primera de ellas es el notorio y objetivo
agravamiento de la situación del respeto a los derechos humanos y al derecho
internacional humanitario en Colombia. Esto ha provocado el cierre progresivo de
múltiples espacios de participación, denuncia, investigación y seguimiento a todo
nivel y escala, afectando directamente las labores del conjunto de entidades que trabajan
en el campo de los derechos fundamentales, particularmente las organizaciones no
gubernamentales. Dentro de los límites de sus recursos, la Oficina concientemente
multiplicó sus esfuerzos para proseguir su trabajo en tan graves y difíciles
circunstancias y examinar la situación de muchas regiones a pesar del patente clima de
polarización e intolerancia que vive el país (véase el capítulo IV).
- También se han presentado inconvenientes en la interlocución con el Gobierno. Las
instancias en las que la Oficina -desde el inicio de sus actividades en el país- logró
brindar acompañamiento, apoyo y asesoría al Estado para promover acciones y programas
destinados a enfrentar las diferentes problemáticas y hacer el seguimiento de las
recomendaciones internacionales, han sido disueltas, o marginadas de los ejes de las
principales políticas gubernamentales, o bien disgregadas en aspectos colaterales a los
principales problemas, o el efecto que han tenido no ha estado a la altura de la magnitud
de la crisis. Por ejemplo, las respuestas gubernamentales a las comunicaciones trasmitidas
por la Oficina sobre casos y situaciones específicas (como alertas tempranas), en su
abrumadora mayoría han sido insatisfactorias, inoperantes y puramente burocráticas. Aún
cuando el propio Presidente Pastrana tomó seria nota de todas estas situaciones, el
detrimento de la calidad de la respuesta gubernamental a la interlocución con la Oficina
no se ha corregido de manera sustantiva y las funciones y capacidad de impacto de este
mecanismo resultaron muy desaprovechadas por el Gobierno.
- Para superar el reto que un marco tal supone, la Oficina reformuló su estrategia de
acción y cooperación buscando los canales y métodos más propicios y efectivos para tal
efecto. Por una parte, en un esfuerzo por desarrollar el diálogo con el Gobierno, más
allá de la coyuntura de realización del período de sesiones anual de la Comisión de
Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la Oficina presentó al Presidente Pastrana -a
mediados de año- sus principales preocupaciones, mediante un informe reservado, sin que
ello generara un cambio en la dinámica de la interlocución. Por otra parte, consciente
de la creciente expectativa y atención que generosamente le han brindado todos los
sectores del país, la Oficina redobló sus labores y diálogo con un amplio abanico de
grupos políticos, empresariales, eclesiales, sindicales, barriales, campesinos,
académicos, estudiantiles, y de reinsertados de ex-movimientos insurgentes, en todos los
cuales la recepción obtenida ha sido reconfortante.
- Finalmente, la Oficina también afrontó, durante el mismo período, dificultades de
orden financiero que tuvieron fuerte impacto en sus actividades. La llegada tardía de
recursos necesarios para el cumplimiento del mandato hizo que, durante aproximadamente un
mes, la Oficina no pudiera mantener su presencia periódica en las diversas regiones del
país. Por otra parte, algunos de los proyectos previstos en el marco de la cooperación
técnica no pudieron, por la misma razón, implementarse en el transcurso del presente
período, provocando su postergación para el siguiente año. Asimismo, la apertura
de las oficinas regionales previstas en el plan de acción de la Oficina, en seguimiento
de las recomendaciones de la Comisión de Derechos Humanos, quedó igualmente pendiente de
ejecución.
IV. CONTEXTO NACIONAL
- En el panorama general de los acontecimientos del año 2000, en Colombia se
entretejieron de manera compleja y crítica asuntos de naturaleza diferente. Entre ellos
figuran los diálogos de paz entre el Gobierno y las guerrillas, las agudas diferencias
surgidas entre las élites políticas por los debates sobre reforma y referéndum, y la
crisis que ello conllevó. También se incluye en ese panorama las escandalosas
revelaciones sobre prácticas persistentes de corrupción en la contratación estatal, el
intenso proceso de discusión en torno a la aprobación de recursos internacionales
relacionados con objetivos de la iniciativa denominada "Plan Colombia", y los
delicados escollos que han emergido en las relaciones bilaterales con la vecina República
de Venezuela. De manera paralela, procesos de corte más estructural, como son la
persistencia de los duros efectos de la seria crisis económica del año 1999 y la
constante y nociva actividad de las poderosas redes del narcotráfico, siguen siendo
relevantes para la completa comprensión de la situación del país.
- Desarrollar de manera adecuada cada una de las cuestiones antes mencionadas escapa,
probablemente, al marco que señala el mandato de la Oficina y, sin duda, excede las
limitaciones de espacio del presente Informe. No obstante, es indispensable que en esta
sección se llame la atención sobre la polarización que empezó a afectar a Colombia a
lo largo del año. La dinámica de la polarización logró madurar hasta configurarse
nítidamente como el más preocupante fenómeno político-social, e incluso militar, que
podría afectar el próximo ciclo político del país. El propio Presidente Pastrana ha
advertido públicamente sobre los riesgos de un escenario tal. El influjo de la
polarización comenzó a atravesar subrepticia y paulatinamente el conjunto de los temas
centrales previamente aludidos y , de no ser revertido, se proyecta con capacidad de
definir el curso de los principales acontecimientos y decisiones del conjunto de actores
que forman parte del cuadro de las múltiples crisis colombianas. El actual proceso de
polarización no sólo trae consecuencias negativas para los diálogos de paz, los ensayos
de concertación social y laboral, el debate político nacional y la economía, sino que
también contribuye a acelerar procesos de desinstitucionalización del Estado de derecho.
- El Gobierno persistió en sus esfuerzos por avanzar hacia la adopción de acuerdos en la
búsqueda de la paz e impulsó numerosas gestiones con este objetivo (véase el capítulo
VI.1). No obstante, durante el período del presente informe, la Oficina ha notado
que el amplio respaldo a la continuación de las negociaciones con las FARC disminuyó
considerablemente. Existen algunos sectores sociales y líderes políticos que piden el
fin de la "zona de distensión" y el inicio de ofensivas militares a gran escala
contra las guerrillas. De la misma manera, reclaman la aprobación de normas que
posibiliten la creación de "milicias" armadas, lo cual anuncia un peligroso
escalamiento de la confrontación bélica. A su vez, se han adelantado propuestas
gubernamentales para cambios normativos importantes que podrían afectar y limitar
derechos y garantías constitucionales y agravar la situación de impunidad. La Oficina
también ha detectado que un número creciente de actores y sectores del país tienden a
percibir todo análisis crítico, incluso aquellos que tiene carácter constructivo, como
ataques frontales y deliberados. La Oficina ha observado, igualmente, que el camino
del diálogo con el ELN tampoco este año pudo ser allanado, aunque se registraron avances
importantes (véase el capítulo VI.1). Se trata, en términos generales, de un ambiente
que debilita los espacios de interlocución a todo nivel.
- Visto lo anterior, el reto principal en Colombia es reagrupar las voluntades nacionales
para volver a encauzar al país en un camino de respeto y vigencia de los derechos
fundamentales, de pleno desarrollo humano y de una paz justa y duradera. Manteniendo ese
horizonte en mente, la preocupación de muchos países amigos de Colombia se ha
concentrado en el eje de la solución negociada del conflicto armado interno. La acción
de la Oficina, en el seno de las actividades de conjunto que realiza el sistema de las
Naciones Unidas en Colombia, puso el énfasis en la difusión de la iniciativa del
"Acuerdo Global sobre Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario". A
esta iniciativa han dado su respaldo la Comisión de Derechos Humanos, a través de la
Declaración de su Presidente, y el propio Secretario General de las Naciones Unidas. En
noviembre de 2000, el Presidente Pastrana encabezó y presentó ante el país un consenso
de importantes corrientes políticas colombianas en torno a un "Frente Común por la
Paz y contra la Violencia". En éste se señaló como una "consideración
urgente" el logro de un acuerdo como el referido. En desarrollo de su mandato, la
Oficina seguirá impulsando la propuesta del "Acuerdo Global", buscando con ello
contribuir en la construcción de consensos fundamentales que detengan la espiral de
confrontación y polarización.
V. SITUACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS Y
DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO
- El presente informe, de conformidad con el mandato de la Oficina en Colombia, se refiere
tanto a violaciones de los derechos humanos como a infracciones al derecho internacional
humanitario. Las acciones y omisiones contra derechos consagrados en instrumentos
internacionales de derechos humanos constituyen violaciones de éstos cuando tienen por
autores a servidores públicos del Estado o a particulares que obran por instigación, con
el consentimiento o con la aquiescencia de las autoridades.
- En el marco del conflicto armado interno colombiano, las infracciones al derecho
internacional humanitario son acciones u omisiones contrarias al artículo 3 común a los Convenios de
Ginebra, al Protocolo II adicional a éstos y al derecho consuetudinario, cuya
autoría corresponde esencialmente a quienes participan directamente en las hostilidades.
En Colombia, el derecho internacional humanitario se aplica al Estado, a las
guerrillas y a los paramilitares.
- En el país, los principales grupos armados insurgentes (guerrillas), que se oponen al
Estado, son las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la Unión
Camilista-Ejército de Liberación Nacional (UC-ELN) y el Ejército Popular de Liberación
(EPL). También existen grupos paramilitares que se llaman a sí mismos
"autodefensas" y reclaman ser fuerzas de carácter netamente contra insurgente.
La mayoría de ellos se identifica pública y colectivamente como "Autodefensas
Unidas de Colombia" (AUC), siendo su núcleo más fuerte y conocido el de las
"Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá" (ACCU).
- Las violaciones de derechos humanos por parte de los grupos paramilitares comprometen la
responsabilidad del Estado en diversos supuestos. Por una parte, dentro del contexto en el
cual se realizan los hechos imputables a esos grupos hay elementos de responsabilidad
general del Estado por la existencia, el desarrollo y la expansión del fenómeno
paramilitar. De otra parte, hay también situaciones en las que el apoyo, la aquiescencia
o la tolerancia de servidores públicos ha sido sustantivo en la realización de los
mencionados hechos. Igualmente deben considerarse constitutivos de violaciones de los
derechos humanos los hechos perpetrados por integrantes de grupos paramilitares por obra
de la omisión de las autoridades. Cabe señalar que el Estado colombiano tiene
obligaciones positivas en materia de protección de los derechos humanos y de prevención
de sus violaciones.
- Es importante igualmente destacar que varios de los siguientes casos comprometen la
responsabilidad directa o indirecta del Estado en materia de derechos humanos al mismo
tiempo que constituyen infracciones al derecho internacional humanitario.
A. Derechos civiles y políticos
1. Derecho a la vida
- Como en años anteriores, durante el año 2000 las violaciones más
notorias y numerosas del derecho a la vida estuvieron constituidas por las ejecuciones
extrajudiciales. Éstas se consumaron tanto en su modalidad de masacre como en la de
homicidio individual o "selectivo". Aunque un alto porcentaje de las ejecuciones
parecía tener móviles políticos, en algunas de ellas eran identificables los elementos
característicos de la llamada práctica de "limpieza social".
- Las masacres fueron cometidas, en su mayoría, durante el desarrollo de violentas
incursiones de los grupos paramilitares y, muchas de ellas, dieron lugar al desplazamiento
forzado de los pobladores de la zona. El Ministerio de Defensa afirmó que "esos
grupos son responsables de una gran parte del incremento de las violaciones a los derechos
humanos en los años recientes". En casos como los de Ochalí (Antioquia), el 19 de
enero, Ovejas (Sucre) y El Salado (Bolívar), entre el 16 y el 19 de febrero, Pueblo
Bello (Cesar), el 8 de marzo, y Tibú (Norte de Santander), el 6 de abril, el número de
muertos en cada matanza osciló entre 15 y 54. Como caso paradigmático cabe resaltar la
masacre ocurrida en la madrugada del día 22 de noviembre en la Ciénaga Grande de Santa
Marta (Magdalena). En esa ocasión, un grupo de 60 paramilitares incursionó en
poblados de humildes pescadores y dio muerte a por lo menos 42 personas. A raíz de
estos hechos, fue denunciada la desaparición forzada de 30 personas y otras
3000 se desplazaron. Estos crímenes forman parte de un ataque sistemático contra la
población civil.
- La crueldad deliberada y extrema fue el sello característico de esas masacres,
incluyendo actos con altos niveles de sevicia sobre las víctimas, acusadas de una
supuesta simpatía por la insurgencia. Además, provocaron una atmósfera de zozobra y
terror sobre los civiles. Los departamentos más afectados por las ejecuciones colectivas
de autoría paramilitar fueron Antioquia, Bolívar, Casanare, Cauca, Cesar, Chocó,
Magdalena, Norte de Santander, Putumayo, Sucre y Valle.
- El grueso de la población afectada por las ejecuciones extrajudiciales de origen
paramilitar estuvo constituido por campesinos de todas las edades, sin excluir a los
niños. En el campesinado ven los miembros de las AUC a posibles colaboradores
clandestinos de la guerrilla o a sustentadores pasivos de la misma.
- La Oficina también recibió información sobre ejecuciones extrajudiciales cuyos
autores habrían sido integrantes de la fuerza pública. En el departamento de Caldas se
acusó a miembros de la Policía nacional de las matanzas con motivaciones de
"limpieza social" en los municipios de Salamina, Neira y Aranzazu. También se
tuvo conocimiento de que, en Pasto (Nariño), un oficial y varios agentes del mismo cuerpo
armado fueron llamados a indagatoria por la muerte de personas indigentes cuyos cadáveres
aparecieron degollados y con signos de tortura. En Pueblo Rico (Risaralda), el 18 de
abril, tres indígenas del pueblo Emberá-Chamí fueron víctimas de una masacre que
habría sido ejecutada por hombres del ejército. Otro ejemplo lo constituye la muerte, el
3 de octubre, de Over Perea, de 15 años por un agente de la Policía, en el sector de
El Cartucho (Bogotá). El joven, quien fue retenido junto con otros tres menores, fue
torturado, le dispararon y posteriormente su cadáver fue arrojado a un contenedor de
basura. En las masacres de Ovejas y El Salado, ya mencionadas, la Oficina recibió
testimonios sobre la posible participación directa de miembros del ejército en estas
acciones paramilitares.
- En lo que se refiere a "homicidios selectivos", durante el período cubierto
por el presente informe, los grupos paramilitares dieron muerte violenta, entre otros, a
funcionarios municipales, candidatos a cargos de elección popular, ex combatientes
desmovilizados, indígenas, académicos, estudiantes, sindicalistas y defensores de
derechos humanos.
- Durante el presente período, la Oficina ha podido registrar un nuevo
patrón de actuación por parte de las AUC en materia de muertes selectivas. En efecto, en
varias zonas del país se observa que las muertes selectivas son cada vez más frecuentes,
por encima de las masacres que caracterizaron, en términos generales, la actuación de
los grupos de autodefensa. Tal patrón, que busca disminuir el impacto público de las
matanzas, fue notorio en Barrancabermeja (Santander) y en varios municipios del norte del
departamento del Cauca. Por otra parte, la Oficina tuvo conocimiento de que en algunas
localidades controladas por grupos paramilitares se ha ejercido una práctica sistemática
de limpieza social en contra de prostitutas, homosexuales, delincuentes, drogadictos,
niños de la calle, recicladores, entre otros; fenómeno poco reportado oficialmente. Ello
se observó, en particular, en zonas como Montería y Tierralta (Córdoba), Remedios y
Segovia (Antioquia), en Santa Marta (Magdalena) y en Quibdó (Chocó).
- Otras violaciones del derecho a la vida registradas durante el año 2000 fueron las que
se perpetraron por agentes de la fuerza pública del Estado al actuar con negligencia o
con uso excesivo de la fuerza en eventos durante los cuales se emplearon armas de fuego o
gases lacrimógenos. Así ocurrió en el municipio de Toledo (Norte de Santander), el 11
de febrero, al disolver una manifestación de los indígenas del pueblo U'wa contra la
empresa petrolera OXY, hecho en el cual resultó muerta una niña de seis meses.
- Gran consternación causó en el país lo ocurrido en Pueblo Rico (Antioquia) el 15 de
agosto, cuando miembros del Ejército Nacional dieron muerte a seis niños y dejaron
heridos a otros cuatro menores, sobre los cuales habrían disparado durante alrededor de
media hora.
- Por último, con las violaciones del derecho a la vida están relacionadas estrechamente
las amenazas de muerte proferidas por los paramilitares contra personas al servicio de
organizaciones no gubernamentales pro derechos humanos, funcionarios judiciales,
periodistas, sindicalistas, ministros religiosos, profesores y estudiantes universitarios
(véase el capítulo VI).
2. Derecho a la integridad personal
- Aunque desde hace algunos años han disminuido notoriamente en
Colombia las quejas sobre tortura aplicada para obtener confesiones o testimonios, en los
últimos 12 meses siguieron reportándose numerosos casos de personas torturadas con fines
de castigo o de intimidación. La casi totalidad de las víctimas de tortura en
Colombia resultan sometidas a graves sufrimientos porque los torturadores se proponen, ya
sancionarlas ilegalmente por lo que son, piensan, opinan o hacen, ya infundir miedo en sus
parientes amigos, vecinos o copartidarios.
- Muchas de las personas que pierden la vida en las ejecuciones extrajudiciales
perpetradas por agentes del paramilitarismo son previamente torturadas por sus captores
con los suplicios más atroces, como en el caso de Ovejas y El Salado anteriormente
aludido. El hecho de que generalmente la tortura preceda a la ejecución extrajudicial,
tiene un efecto distorsionador sobre las estadísticas referidas a aquel crimen. Al
acopiar información acerca de los casos de homicidio colectivo o selectivo, los nombres
de las víctimas suelen incorporarse al renglón de las violaciones contra el derecho a la
vida sin mencionar que con respecto a esos muertos también hubo violaciones del derecho a
la integridad personal. En otros casos, los médicos que realizan la necropsia omiten
establecer la existencia de indicios de tortura en los cadáveres.
- En el transcurso del año también se registraron violaciones del derecho a la
integridad personal por medio de tratos crueles, inhumanos o degradantes. Estos tratos
lesionaron a personas que tomaban parte en actos públicos de protesta, como sucedió en
Montería (Córdoba), el 6 de marzo, durante el desalojo de un predio ocupado por
invasores, o a personas que se hallaban privadas de libertad en instalaciones policiales y
en centros de reclusión. Por lo demás, en lo que respecta a las condiciones en que las
se mantiene a miles de personas en las cárceles colombianas, véase el capítulo VI.
- Finalmente, la Oficina ha recibido quejas sobre el uso desproporcionado de la fuerza en
actuaciones militares y policivas. Se reportaron casos en los cuales los funcionarios
encargados de hacer cumplir la ley proceden con abierto desconocimiento de los principios
internacionales sobre legitimidad, proporcionalidad y oportunidad del empleo de medios de
poder físico en el marco de protestas callejeras y en el interior de establecimientos
penitenciarios.
3. Derecho a la libertad individual y a la seguridad personal
- Una violación grave y abundante del derecho a la libertad y seguridad
personal, que afecta además otros derechos fundamentales, fue la constituida por las
desapariciones forzadas. Para efectos de este Informe, la Oficina sólo considera
desapariciones forzadas los hechos en los cuales figuran como autores las personas a que
se refieren los instrumentos internacionales sobre la materia, es decir, los funcionarios
públicos o particulares que obran con el apoyo, aquiescencia o tolerancia de agentes del
Estado . La anterior advertencia resulta necesaria, ya que en la legislación colombiana
puede endilgarse la responsabilidad de una desaparición forzada incluso a personas
particulares que obren sin el apoyo, la autorización o el asentimiento del Estado.
- La Oficina pudo observar que durante el período al cual se refiere el presente informe
la desaparición forzada siguió siendo una práctica reiterativa de los grupos
paramilitares, empleada con finalidades punitivas e intimidatorias. Las estadísticas
sobre las víctimas de este delito continúan siendo imprecisas, ya que se comete,
generalmente, dentro de un contexto de violencia generalizada contra la población civil,
como resultado criminoso de actuaciones en cuyo desarrollo proliferan también ejecuciones
extrajudiciales, secuestros y éxodos masivos. Tales circunstancias dificultan comprobar,
en muchas ocasiones, la presencia inequívoca de los elementos del crimen. En las zonas
rurales que sufren incursiones de grupos paramilitares se dio, una y otra vez, el caso de
personas a quienes nunca volvió a verse después de ser sacadas de sus hogares o de sus
sitios de trabajo por hombres armados que se las llevaron consigo tras acusarlas de
connivencia con la guerrilla. En otras ocasiones, los cadáveres de quienes habían sido
privados de la libertad bajo la misma acusación pudieron localizarse tiempo después, lo
cual permitió establecer que tras su aprehensión fueron víctimas de tortura y
ejecución extrajudicial.
- Según los datos suministrados por la Defensoría del Pueblo de Antioquia, sólo en los
primeros seis meses del año 2000 se contaron 520 casos de desaparición forzada en ese
departamento, superando la totalidad de los casos registrados en esa región durante el
año 1999.
- Si bien la autoría de la mayor parte de las desapariciones forzadas puestas en
conocimiento de la Oficina se atribuyó por los quejosos a integrantes de organizaciones
de carácter paramilitar, también hubo algunos casos en que como presuntos responsables
figuraban miembros de la fuerza pública.
- La más frecuente y reiterada violación del derecho a la libertad individual se
materializó en aprehensiones realizadas por servidores públicos que carecían de
competencia para ello, procedían sin motivo legal o actuaban con fundamento en normas
cuya finalidad es abiertamente incompatible con el respeto los principios internacionales.
- A lo largo del año 2000 continuaron presentándose las privaciones de libertad ilegales
o arbitrarias, mediante las llamadas "capturas momentáneas" o "detenciones
preventivas gubernativas". Estas facultades de la policía permiten aprehender hasta
por 12 horas, sin mandamiento judicial, a personas que se hallan en sitios públicos o
abiertos al público. En la práctica, las "redadas" o "batidas"
desarrolladas por la policía en sitios urbanos y rurales se cumplen sin observar los
criterios jurisprudenciales. Estos últimos buscan poner límites a las atribuciones de
autoridades administrativas para privar de libertad a personas que ni se hallan en
flagrancia ni están en la situación de los ciudadanos cuya captura ha sido públicamente
requerida. Por lo demás, como se realizan al margen de todo control judicial de
legalidad, las personas que a ella son sometidas quedan expuestas no sólo al riesgo de
sufrir tratos crueles inhumanos o degradantes, o de afrontar la tortura, sino incluso en
peligro de convertirse en víctimas de ejecuciones extrajudiciales.
- En el año 2000 también siguieron presentándose detenciones ilegales o arbitrarias
imputables a los miembros de las fuerzas militares. Esas detenciones se cumplieron durante
las operaciones de contrainsurgencia adelantadas por el ejército en puntos del territorio
nacional donde actúan grupos guerrilleros. En el curso de tales operaciones se ha privado
de libertad a pobladores civiles del lugar patrullado, bajo la imprecisa sindicación de
tener nexos con los rebeldes. El 21 de octubre, en Yondó (Antioquia), ocho campesinos
habrían sido aprehendidos por soldados del Batallón 45, Héroes del Majagual, que sólo
48 horas después fueron puestos a disposición de la fiscalía regional de
Barrancabermeja.
- Otras privaciones de libertad por paramilitares, como la toma de rehenes o secuestros,
están desarrolladas en el punto E de este capítulo.
4. Derecho a la libertad de circulación
- Durante el tiempo al cual se contrae este informe la Oficina fue informada de
violaciones de tal derecho por parte de las fuerzas militares y de los grupos
paramilitares. Es indispensable dejar constancia, aunque escape el marco de este acápite,
de que la posibilidad de movilización de personas y bienes en varias e importantes
regiones del país se ha vuelto precaria y riesgosa, principalmente en razón de la
frecuencia, intensidad y duración de las acciones guerrilleras en las vías de
comunicación terrestres (véase el capítulo VI y el punto E de este capítulo).
- Las restricciones de carácter militar a la libertad de circulación afectaron, entre
otros ciudadanos, a los habitantes de algunos territorios indígenas, como por ejemplo en
la Sierra Nevada de Santa Marta. Los moradores de esos territorios quedaron así sometidos
a situaciones por cuyo efecto se hizo especialmente difícil el acceso a los bienes de
primera necesidad. Otro caso fue el de la comunidad de paz de San José de Apartadó
(Antioquia) en el cual, por orden del comandante de la zona, los soldados exigieron el
nombre y la cédula de todas las personas que entraban y salían de la comunidad,
advirtiendo que sólo se permitía el ingreso de quienes eran miembros de ella. Esta
comunidad ha sido, además, permanentemente estigmatizada por las autoridades bajo la
sindicación de que sus integrantes tienen nexos con la guerrilla.
- En el caso de los paramilitares, las violaciones del derecho a la libertad circulatoria
estuvieron asociadas con la instalación de ilegales puestos fijos de control y vigilancia
en las regiones sometidas a su dominio fáctico. El retén es utilizado por el
paramilitarismo no sólo para controlar la identidad de los transeúntes y restringir el
comercio de víveres y de gasolina, sino que debe destacarse su fuerte incidencia sobre la
posterior perpetración de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, masacres
y desplazamientos forzados de población civil.
- Durante el año 2000, se informó a la Oficina sobre la existencia de retenes
paramilitares, en particular, en Tibú (Norte de Santander), Valle del Guamuez (Putumayo),
en Quibdó (Chocó), en los municipios antioqueños de San José de Apartadó, Urrao,
Frontino y Uramita, y en Bahía Solano, Tumaradó (Chocó). En este
último caso se afectó a los retornados del Cacarica. Tales retenes se instalaron, muchas
veces, en puntos geográficos que pertenecen a zonas del territorio donde es visible una
fuerte presencia de las fuerzas militares.
- En Medellín siguió aplicándose el Decreto municipal 326 que otorga a la policía
facultades para disolver y reprimir cualquier circulación masiva de personas. Esta
disposición no sólo es violatoria de la libertad de circulación sino que además afecta
las libertades de expresión y de reunión y no se adecua a las exigencias internacionales
en materia de normas de excepción.
- De la más grave de las violaciones del derecho a la libertad de circulación, el
desplazamiento forzado, se tratará con detalle en la sección 3 del capítulo VII.
5. Derecho al debido proceso
- La vigencia y plenitud del derecho al debido proceso ha continuado
siendo precaria por causas relacionadas con los altos índices de impunidad, en particular
en casos de violaciones de derechos humanos e infracciones al derecho internacional
humanitario. Sin embargo, esta problemática se halla vinculada a diversos factores,
varios de ellos estructurales, de la administración de justicia, así como también al
debilitamiento de las instituciones judiciales y de control, y a su limitada capacidad de
acción o, inclusive, ausencia en varias regiones del país.
- A pesar de la entrada en vigencia del nuevo Código Penal Militar, en agosto de 2000,
continuaron las violaciones del derecho a ser juzgado por un tribunal competente,
independiente e imparcial, mediante el conocimiento de casos de violaciones graves de los
derechos humanos y del derecho internacional humanitario por los tribunales castrenses. El
caso paradigmático ha estado representado por el proceso por la desaparición de Nidia
Erika Bautista, en agosto de 1987, hecho por el cual, en 1993, el Estado colombiano
fue encontrado responsable por el Comité de Derechos Humanos del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos. La Oficina recibió denuncias por varias
irregularidades en la sustanciación del proceso, incluyendo violaciones a las garantías
procesales de la defensa y al deber de impartir justicia en un plazo razonable. A
principios de 2000, el caso continuaba bajo investigación de la justicia penal militar.
Finalmente, el Consejo Superior de la Judicatura, luego de un pronunciamiento de la
Corte constitucional, resolvió, el 21 de julio, asignar la competencia a la justicia
ordinaria. El caso se tramita desde entonces ante la Unidad de Derechos Humanos de la
Fiscalía.
- En casos de graves violaciones de derechos humanos e infracciones al derecho
internacional humanitario, la Fiscalía se declaró incompetente a favor de la justicia
penal militar. Así sucedió en los casos relacionados con la masacre de Santo Domingo y
con las privaciones arbitrarias de la vida en Pueblo Rico. El primer hecho sucedió en
diciembre de 1998, en el Departamento de Arauca, a raíz del cual se inició
investigación de la denuncia por la muerte de unas 20 personas, incluyendo 6 niños, por
un ataque aéreo de la Fuerza Aérea Colombiana sobre la población civil de esa
localidad. La Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, que llevaba el caso, trasladó
el proceso a la justicia penal militar el 30 de mayo del 2000. El segundo caso, sucedido
el 15 de agosto de 2000, en Pueblo Rico, Antioquia, se refiere a la muerte de seis niños
por miembros del ejército. El proceso iniciado por la Fiscalía regional de Medellín fue
enviado a la justicia penal militar por la propia Fiscalía, a finales de agosto de ese
mismo año, aunque ya había entrado en vigencia el nuevo Código Penal Militar.
- También se han registrado hechos violatorios de la presunción de inocencia, en
particular por aplicación abusiva de la detención preventiva. La Corte Constitucional
examinó la violación del debido proceso por la falta de una adecuada motivación de las
resoluciones de autoridades judiciales y estableció que era inadmisible, frente a la
presunción de inocencia, considerar anticipadamente como una delicuente condenada a la
sindicada en etapa de investigación. La Corte agregó, además, que las
consideraciones hechas por la Fiscalía eran producto de prejuicios y prevenciones
infortunadas contra los delincuentes y sindicados.
- Otras violaciones se han producido por la omisión o dilación injustificada de los
funcionarios judiciales en actuaciones de las cuales dependía el ejercicio del derecho
fundamental al debido proceso o a la libertad personal. La Corte Constitucional se
pronunció al respecto en una sentencia de tutela en la cual el fiscal había resuelto un
mes más tarde una petición de libertad provisional, cuando el término máximo es de
tres días. Ante dicha omisión procedía la acción de habeas corpus que fue denegada.
Esto último se relaciona con las incompatibilidades destacadas por la Oficina en el
informe anterior en cuanto a la regulación de este recurso, el cual ante detenciones
decretadas por autoridad judicial la acción debe presentarse ante el mismo juez y sin las
características propias de un recurso de habeas corpus.
- En cuanto al derecho de defensa, el solo hecho de comprobar que más de la mitad de la
población carcelaria depende de la defensa pública, cuyas serias limitaciones se
desarrollan en le capítulo VI, dimensiona particularmente las denuncias recibidas de
personas privadas de libertad que señalaron la carencia o deficiencia de la defensa
técnica.
B. Derechos económicos, sociales y culturales
- Los derechos económicos, sociales y culturales se vieron, en general,
afectados por la crisis económica, las políticas de ajuste fiscal, la violencia que vive
el país y la problemática del desplazamiento. Los desplazados han sido la principal
población afectada en relación con estos derechos, pues las condiciones de vida de estas
personas son extremadamente precarias y están lejos de la satisfacción de necesidades
básicas en materia de alimentación, vivienda, educación, salud, entre otras.
- Dado el incremento de la violencia ejercida contra el movimiento sindical este período,
la Oficina ha dado nuevamente prioridad al seguimiento del derecho al trabajo. Asimismo
privilegió el seguimiento de violaciones a los derechos económicos, sociales y
culturales de personas altamente vulnerables, tales como los desplazados, los indígenas y
los afrocolombianos. Para el seguimiento general de estos derechos se ha mantenido, una
vez más, la coordinación con los distintos organismos especializados del sistema de las
Naciones Unidas.
- La situación económica del país ha estado marcada por la recesión del año 1999 y
apenas se comienza a vislumbrar un leve despunte. Cabe señalar que el ingreso económico
de los colombianos es cada vez menor. Según estimaciones oficiales, al cierre del año,
el ingreso anual per cápita caería a 2.043,80 dólares americanos, cien dólares menos
que hace 6 años. El Estado no ha logrado acortar la brecha de inequidad y el índice de
desarrollo humano ha disminuido en once puntos respecto al año anterior, ubicándose en
el puesto 68 entre 174 países. Departamentos como Cauca, Chocó, Nariño y Sucre tienen
un PIB per cápita más de cuatro veces menor que el PIB de Bogotá, lo que demuestra que
la desigualdad departamental en estas áreas continúa siendo muy fuerte en el país y que
los esfuerzos para mejorar la situación han sido insuficientes. La alta desigualdad en la
distribución de ingresos entre las personas en Colombia reduce de manera importante el
porcentaje global de desarrollo humano.
- Asimismo, un estudio divulgado por Planeación Nacional revela que la pobreza aumentó
en más del 14% entre 1997 y 1999. Los afectados por la pobreza, que en 1997 ascendían a
19, 7 millones de personas, llegaron en 1999 a 22,7 millones de personas sobre una
población estimada en 36 millones. En el mismo período el número de indigentes aumentó
en 831.000 personas. Durante el ano 2000 esta tendencia continuó.
1. Derecho al trabajo y libertades sindicales
- Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), al cierre del
tercer trimestre del año la tasa de desocupación alcanzó la cifra récord de 20,5%. El
número de desempleados en las siete principales ciudades del país fue de 1.552.000
personas. Las mujeres son las más afectadas, ya que su tasa de desempleo es de 24,2%
contra el 17,2% entre los hombres.
- Además del elevado índice de desempleo, uno de los más altos de América Latina, el
ejercicio del derecho al trabajo viene siendo afectado por causas estructurales y
económicas, a las cuales se agrega un constante y creciente clima de violencia contra el
movimiento sindical (véase el capítulo VI.7).
2. Derecho a la educación
- El derecho a la educación se vulnera particularmente en la medida que el magisterio
está sometido a la violencia ejercida contra los profesores. Estos se cuentan entre los
trabajadores más frecuentemente afectados por muertes, amenazas y desplazamientos por
causa de la violencia. Además han debido afrontar importantes retrasos en sus pagos, así
como recortes presupuestarios debido a la aplicación de las políticas de ajuste fiscal.
- Recientes estudios de Misión social-PNUD señalan que en los últimos dos años el
progreso educativo se ha resentido y el índice disminuido, tanto para el país como para
17 de sus 25 departamentos. Colombia tiene una de las más bajas tasas de
alfabetización de adultos entre el conjunto de países con mayor desarrollo humano de la
región. La disparidad regional entre departamentos es alarmante, siendo los departamentos
de Chocó y Córdoba, que además cuentan con un gran número de población indígena y
afrocolombiana, los más afectados en esta materia. La tasa de matrícula combinada para
todo el país disminuyó, puesto que muchos hogares no pueden seguir enviando a sus hijos
a las instituciones educativas, por falta de ingresos o porque los jóvenes se retiran a
buscar empleo. Las mujeres se retiran del sistema escolar en mayor medida que los hombres.
A esta situación se suma que el Estado no ha proveído cupos suficientes en las escuelas
públicas, dejando fuera del sistema educativo a un gran número de niños en edad
escolar. Los más afectados han sido los menores de familias de escasos recursos.
- La falta de atención del Gobierno en materia de educación ha afectado especialmente a
la población desplazada. Uno de los casos que ha conocido la Oficina en ese sentido fue
el relativo a la ausencia de docentes para la población retornada de la Cuenca del río
Cacarica, a pesar del compromiso suscrito por el Gobierno con esa comunidad a finales de
1999.
- Por otra parte, la Oficina no ha registrado avances significativos en la enseñanza de
los derechos humanos en todos los niveles educativos. El Plan Nacional de acción para la
educación en la esfera de los derechos humanos, propuesto por la Alta Comisionada en el
marco del Decenio de las Naciones Unidas para la Educación 1995-2004, aún no ha sido
elaborado. De otro lado, la Oficina ha conocido actividades aisladas de capacitación en
derechos humanos realizadas por parte de diferentes instituciones gubernamentales. No
obstante, aquellas no han correspondido a una estrategia integral de educación y han
puesto en evidencia el alto grado de desconocimiento en esta materia.
3. Otros derechos
- La Oficina continúa observando la insuficiente atención en lo atinente a salud y
educación, así como la falta de apoyo a los proyectos productivos para las comunidades
indígenas y afrocolombianas en Colombia. En cuanto a la protección de derechos
ambientales, es especialmente preocupante la escasez de controles para evitar la
deforestación indiscriminada en los lugares habitados por las comunidades indígenas y
negras, así como los efectos de las fumigaciones de cultivos ilícitos sobre aquellas. En
este sentido, la Oficina recibió denuncias de las comunidades indígenas de la Sierra
Nevada de Santa Marta y del Putumayo, así como de las comunidades afrocolombianas del
departamento del Chocó.
- En cuanto al seguimiento del derecho a la salud, cabe destacar la preocupante situación
de violencia ejercida contra los trabajadores del ramo, en especial contra ANTHOC
(Sindicato Nacional de Trabajadores de Salud en Colombia) y los numerosos ataques contra
la misión médica, como se verá en el capítulo VI. El 17 de mayo de 2000 resultó
muerta la Presidenta de ANTHOC, Seccional Cartago (Valle del Cauca), Carmen Emilia Rivas.
El hecho sucedió en la puerta del servicio de urgencias del Hospital Sagrado Corazón de
Jesús de Cartago.
- Si bien se han obtenido logros en materia de aseguramiento a partir de la puesta en
marcha de la Ley 100 (1993), que regula y reforma el sistema de salud, la cobertura aun no
es universal y en cuanto al acceso a la atención de los enfermos se favorece a la
población de mayores ingresos. De acuerdo con un informe de indicadores de cobertura de
la Superintendencia de Servicios de Salud, seis millones de personas, que forman parte de
la población más pobre de Colombia, no están cubiertas por el régimen subsidiado de
salud. También se notan diferencias significativas entre municipios, departamentos y
regiones. Tal y como lo muestra otro estudio de la Defensoría del Pueblo, es manifiesto
el desconocimiento que los afiliados tienen de sus derechos, lo cual facilita la
violación de los mismos.
C. Derechos del niño y la niña
- Durante el período de informe continuó profundizándose el deterioro
creciente de los derechos del niño y la niña. La población infantil colombiana padece
con mayor rigor las consecuencias del conflicto armado interno. La Oficina ha podido
comprobar el elevado número de víctimas, entre las que se destacan algunas niñas
violadas por los combatientes. Constata a su vez el alto índice de secuestros, efectuados
en su mayoría por los grupos insurgentes, convirtiendo así a los menores en objeto de un
cruel comercio. Fuera del ámbito del conflicto, debe destacarse los numerosos crímenes
dirigidos contra los menores, y preocupa a la Oficina las crecientes denuncias sobre
violencia intrafamiliar y abuso sexual.
- Las estadísticas de la Defensoría del Pueblo, el ICBF, el Ejército Nacional, la
Fundación País Libre y el UNICEF coinciden en estimar alrededor de un millón de niños
viviendo en las calles, 6.000 involucrados en los grupos armados (paramilitares o
guerrilleros) y 600 muertos por la violencia. Según el Gaula, más de 267 menores fueron
secuestrados de enero a noviembre. Según un estimado, en Colombia, 12 niños mueren
violentamente cada 24 horas.
- Todas estas prácticas provocan secuelas irreversibles en el desarrollo evolutivo de las
víctimas, que se acentúan cuando se trata de miembros de grupos étnicos, de sectores
rurales, o cuando sufren el desplazamiento. CODHES reportó que, entre enero y junio, el
54,34% de los desplazados fueron menores. La Oficina ha podido comprobar cómo en su gran
mayoría éstos presentan graves carencias en cuanto al goce de sus derechos a la salud,
alimentación, la educación, la vivienda, la identidad y otros. La Oficina ha vuelto a
observar cómo las prácticas de "limpieza social" efectuadas por la fuerza
pública afectan a los menores. Muestra de ello fue el caso anteriormente aludido en el
capítulo IV.A.1.
- Finalmente, cabe señalar que persiste la falta de atención integral a los niños
desvinculados del conflicto tras haber participado en las hostilidades. Existe un
tratamiento discriminatorio entre los menores que se entregan voluntariamente y los que
son capturados; los primeros pueden acceder a la protección del Estado, mientras que los
segundos reciben un trato penal punitivo.
- La Oficina observa con preocupación la vulneración de la normativa nacional e
internacional respecto a los menores infractores, quienes son detenidos por la Policía
Nacional y remitidos a las dependencias de ésta, compartiendo el calabozo con los adultos
detenidos. Permanecen allí sin ser puestos inmediatamente a disposición de la autoridad
competente. Esta situación se agrava con las disposiciones del Código del Menor que no
distinguen entre los tipos de conducta y permiten la privación de la libertad de jóvenes
que carecen de recursos económicos, desvinculados, o los que no tienen familia,
criminalizando la pobreza y el abandono, y vulnerando así los derechos de los niños y
niñas.
D. Derechos de la mujer
- Según el Informe de Desarrollo Humano para Colombia de 2000, las
mujeres, que representan el 51% de la población, soportan una parte significativamente
mayor de los efectos de la violencia. Con respecto a ellas persisten la desigualdad que se
traduce en discriminación, la exclusión social, la falta de poder y la crónica
desventaja social ante casi todas las situaciones en las que están involucradas.
- El mismo informe señala que la discriminación hacia las mujeres se manifiesta en la
violencia intrafamiliar de la que son las principales víctimas, en la negación de sus
derechos reproductivos, en la agresión sexual que se ejerce sobre muchas de ellas y en el
tráfico de mujeres. En el tráfico mundial de mujeres, Colombia ocupa uno de los
principales lugares. Se calcula que, aproximadamente, entre 60% y 70% de mujeres ha
sufrido en carne propia alguna modalidad de violencia (maltrato físico, psíquico, sexual
o político). No obstante, menos de la mitad de mujeres violentadas busca ayuda y apenas
el 9% denuncia la agresión
- En la esfera laboral, aunque ha mejorado sustancialmente su participación, existe
todavía una marcada desventaja en la remuneración por igual trabajo y en el acceso al
poder político. La mujeres perciben en promedio un 30% menos de salario que los
hombres en los centros urbanos. Las mujeres, según el VI Informe del Defensor del Pueblo,
representan el 54% de la población pobre y el 25% de los hogares tienen por jefe una
mujer. Además, se ubican en los frentes más tradicionales del aparato productivo y
constituyen cerca del 60% del sector informal de la economía, lo que representa extensas
jornadas de trabajo, inestabilidad laboral y exclusión del sistema de seguridad social.
Las mujeres, además, continúan ubicadas en los niveles medios y bajos de las categorías
ocupacionales.
- La poca credibilidad que entre las mujeres tiene el sistema judicial las lleva a acudir
a otras instituciones como alternativa para la protección de sus derechos. Según el
informe de Misión Social-PNUD, de una muestra de 38 denunciantes de tutela, 25 habían
acudido anteriormente a otros mecanismos institucionales. En litigios de naturaleza
laboral, se observó un mayor número de mujeres demandantes con sentencia definitiva
desfavorable y, recíprocamente, un número mayor de demandantes hombres con sentencia
definitiva favorable.
- Por efecto del conflicto armado, las mujeres son quienes sufren los mayores rigores del
desplazamiento al asumir necesariamente la jefatura del hogar y la responsabilidad por su
sustento. Se reportaron casos de violencia sexual contra las mujeres ejercida por actores
armados. En febrero de 2000, durante la incursión paramilitar en El Salado, varias
mujeres fueron ultrajadas, entre ellas una joven fue violada por numerosos paramilitares.
E. Principales infracciones al derecho internacional humanitario
1. Homicidios y amenazas
- El homicidio de personas acusadas de colaborar con el bando adverso
siguió siendo una práctica común de la guerrilla y de los paramilitares. Cruzar el
límite territorial entre zonas controladas por la guerrilla o los paramilitares se
convirtió en un ejercicio altamente peligroso. Así, habitantes de la llamada "zona
de despeje", controlada por las FARC, fueron muertos al viajar a municipios aledaños
en los que hacen presencia los grupos paramilitares. En el departamento del Putumayo,
pobladores que desde el área rural se dirigían a Puerto Asís fueron víctimas de los
paramilitares, mientras que habitantes del casco urbano que se dirigían a la zona rural
fueron muertos por la guerrilla.
- Entre las víctimas de la guerrilla y de los grupos paramilitares hay que señalar un
número importante de candidatos a funciones públicas y de mandatarios en ejercicio, de
líderes indígenas y de líderes campesinos. Varios de ellos fueron víctimas por haber
adoptado posiciones autónomas respecto a los actores armados. En algunos casos de
homicidios cometidos por la guerrilla, las víctimas perecieron por haber recibido dinero
del Gobierno. Así, en el departamento del Caquetá, dos líderes indígenas murieron por
acción de las FARC, en el mes de octubre, por el solo hecho de haber recibido recursos
del proyecto "Empresa Colombia" del Gobierno. El 9 de febrero, las FARC dieron
muerte a tres indígenas Puinave, de la comunidad Paujil Limonar, acusándolos de haber
alertado al ejército acerca de un probable ataque de la guerrilla a Puerto Inírida
(Guainía). El 29 de diciembre, un grupo de hombres armados dio muerte al congresista
Diego Turbay, presidente de la comisión de paz de la Cámara de Representantes, a su
madre Inés Cote de Turbay y a sus cinco acompañantes, cuando se dirigían a la
población de Pueblo Rico (Caquetá), ubicada en los límites con la "zona de
distensión". La autoría del hecho se atribuyó por las autoridades a un frente
de las FARC. Hasta la fecha en que se elaboró este informe, las FARC no habían impugnado
esas acusaciones. En sus incursiones armadas, los paramilitares de las AUC seleccionaron a
pobladores para luego darles muerte bajo la genérica acusación de ser auxiliadores de la
guerrilla, a menudo sin permitir que los familiares recuperasen los cuerpos.
- Los grupos paramilitares siguen siendo los principales responsables de
homicidios colectivos. El Ministerio de Defensa reporta que estos grupos son autores de 75
masacres, que representan el 76% de las masacres cometidas de enero a octubre. La
práctica de los homicidios colectivos de civiles indefensos constituye su principal
modalidad de acción y estrategia de guerra.
- En el marco de la constante degradación del conflicto armado, las
guerrillas de las FARC y del ELN recurrieron con frecuencia a los homicidios colectivos o
masacres. Según cifras del Ministerio de Defensa, en el período comprendido entre enero
y octubre de 2000, del total de 671 víctimas de masacres, a la guerrilla
corresponden 164 de ellas. Debe señalarse, en este tema, el caso de la masacre del 8 de
octubre en Ortega (Cauca), en el que las FARC dieron muerte a diez campesinos, así como
la masacre de ocho personas en poder del frente 14 de las FARC, en el Caquetá, durante el
mes de agosto.
- Al culminar ataques de las guerrillas a puestos policiales o a guarniciones militares,
aquellas dieron muerte a miembros de la fuerza pública que habían depuesto las armas o
que estaban heridos. En Dabeiba, el 18 de octubre, según el reporte oficial, las FARC
dieron muerte a 5 soldados y al piloto de un helicóptero Black Hawk abatido, quienes
estaban heridos.
- Los grupos armados continuaron profiriendo amenazas de muerte contra personas civiles
para provocar su desplazamiento y reforzar su control sobre la población. Por ejemplo, el
12 de diciembre, mediante un comunicado a la opinión pública, las Autodefensas
Campesinas del Magdalena Medio pidieron a los habitantes de varios municipios de la
autopista Medellín-Bogotá que desalojaran sus viviendas en un plazo de 48 horas, bajo la
amenaza de que quien incumpliera "la orden" sufriría una "acción
drástica". Las amenazas fueron también utilizadas como medio de presión para
obtener el pago de "cuotas" a los diferentes grupos armados.
2. Ataques contra la población civil y ataques indiscriminados
- En las acciones armadas de los diferentes grupos, la población ha sido a menudo el
blanco principal o víctima incidental por el carácter indiscriminado de los ataques. Los
grupos paramilitares han dirigido sus ataques específicamente contra la población civil,
a través de los homicidios colectivos. La guerrilla ha tomado acción retaliatoria contra
pobladores por haberse resistido a sus acciones.
- El 3 de noviembre, miembros de las AUC realizaron una incursión en el casco urbano de
Granada (Antioquia), durante la cual dieron muerte a 19 civiles indefensos.
- En sus ataques a puestos policiales y guarniciones militares, la guerrilla generalmente
desconoce los principios de distinción y proporcionalidad, causando numerosas víctimas
entre la población civil. Así, armas difíciles de dirigir, como los cilindros de gas,
han caído en casas, provocando la muerte de personas civiles. Durante la incursión
armada a Puerto Saldaña (Tolima), iniciada el 28 de abril, las FARC causaron la muerte de
24 civiles, la destrucción total de 107 viviendas, y la destrucción parcial de 145
viviendas más. El 12 de julio, durante un ataque de las FARC a Colombia (Huila), un
cilindro de gas cayó en una vivienda, provocando la muerte de una mujer y la de sus tres
hijos. El 5 y 6 de diciembre, varios frentes de la FARC atacaron el puesto de policía
ubicado en el centro de este mismo municipio, haciendo estallar un potente carro bomba y
lanzando varias decenas de pipetas de gas. Murieron 16 civiles (entre ellos seis niños) y
cinco policías.
- En otras ocasiones, el blanco directo de los ataques ha sido precisamente la población
civil, como en el caso de la masacre de Ortega (Cauca) anteriormente referido en este
capítulo. El 7 de mayo, en el municipio de Gigante (Huila), las FARC hicieron explotar un
bus de servicio público. Como resultado de este hecho murieron seis personas y siete más
resultaron heridas.
- Durante la toma de rehenes del kilómetro 18 de la vía Cali-Buenaventura (Valle), el
ELN puso en serio peligro a varios de ellos al utilizarlos como escudos humanos y
vestirlos con uniformes camuflados, infringiendo las normas del derecho internacional
humanitario que obligan a los combatientes a distinguirse de la población civil.
- En cuanto a la fuerza pública, cabe destacar el caso de Pueblo Rico (Antioquia), del 15
de agosto, en el que una patrulla militar disparó contra un grupo de niños, resultando
muertos seis de ellos (véanse los capítulos V.1 y VII.4).
3. Actos de terrorismo
- A lo largo del año aumentó el recurso a la práctica del terrorismo por parte de los
diferentes grupos guerrilleros, los cuales hicieron estallar explosivos en centros
urbanos, causando numerosas víctimas entre la población civil. Uno de los casos que
ilustra esta práctica es, sin duda, la ciudad de Cali (Valle) que durante el presente
año ha sido afectada por numerosas explosiones. La detonación de cargas explosivas ha
causado no solamente destrucción y pánico, sino también heridas a varias personas y por
lo menos la muerte de un transeúnte que fue sorprendido por la explosión de un carro
bomba, hecho registrado en el Barrio La Floresta el 5 de noviembre. Estos atentados han
sido atribuidos al ELN, grupo al que también se responsabiliza por la detonación, el 27
de julio, de tres artefactos explosivos en el centro de la ciudad de Barrancabermeja
(Santander), afectando varios establecimientos comerciales. El 4 de septiembre, el ELN
realizó otro atentado con explosivos contra las instalaciones de la Dirección de
Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), ocasionando heridas a siete personas y produciendo
daños considerables en por lo menos 60 establecimientos cercanos. En similares
condiciones, el 4 de febrero las FARC provocaron la muerte de dos civiles y heridas a
otros 10, entre ellos un menor de edad, en una explosión que tuvo lugar en el casco
urbano de Puerto Asís (Putumayo).
4. Tortura y malos tratos
- Las personas víctimas de homicidios por parte de los paramilitares
fueron a menudo torturadas, violadas, o mutiladas antes de su muerte. Particularmente
cruel e inhumano fue el trato aplicado a las víctimas de la masacre de El Salado
(Bolívar), cometida por las AUC en el mes de febrero. Según los testimonios recogidos,
los paramilitares reunieron a la gente en una cancha deportiva y allí torturaron a sus
víctimas antes de darles muerte. Según las necropsias, los muertos presentaban
mutilaciones, heridas de armas corto-punzantes y destrucción del cráneo. Entre los
masacrados figuraba una niña de seis años, quien había sido atada a un palo con el
rostro cubierto con una bolsa plástica hasta que murió.
- También la guerrilla ha recurrido a la tortura antes de dar muerte a desertores o a
supuestos auxiliadores de los grupos paramilitares. Así, en mayo, en el municipio de
Mapiripán (Meta), un comandante de las FARC dio muerte a un guerrillero indígena
Guahibo, quien iba a desertar con dos fusiles. Este fue atado a un palo y torturado con
una navaja, mientras le decían que así se castigaba a los traidores a la revolución. El
ejército denunció a la Oficina varios casos en los cuales la guerrilla mutiló a
miembros de la fuerza pública antes de darles muerte.
5. Toma de rehenes
- Los secuestros perpetrados por los actores del conflicto armado son
definidos, en el marco del derecho internacional humanitario, como "toma de
rehenes". Los diferentes grupos de guerrilla siguieron tomando rehenes de forma
masiva y sistemática para financiar sus actividades. Procedieron generalmente de manera
directa, aunque en varias oportunidades se aliaron con bandas criminales que se encargaron
de la planificación y de la ejecución del delito, para luego remitirles los rehenes a
cambio de sumas de dinero previamente acordadas.
- La toma de rehenes afectó a todos los sectores sociales, y figuran entre las víctimas
campesinos, alcaldes, extranjeros, periodistas, trabajadores humanitarios y funcionarios
judiciales. El 25 de julio, un grupo denominado Ejercito Revolucionario Guevarista (ERG)
tomó como rehén al médico francés Ignacio Torquemada de Médicos Sin Fronteras, quien
al momento de la redacción de este informe aún no había sido liberado. Algunos
mandatarios locales, como el alcalde de Puerto Rico (Caquetá), fueron víctimas de esta
práctica por parte de las FARC, las cuales intentaron justificarse afirmando que estaban
aplicando una "ley anticorrupción" (llamada "Ley 003"), promulgada
por este grupo.
- Según estadísticas del Ministerio de Defensa, durante el período comprendido entre
enero y octubre de 2000, las tomas de rehenes por parte de la guerrilla llegaron a 1.394
casos, y por parte de los paramilitares a 203. Por su parte, la Fundación País Libre
señala que, entre enero y septiembre de 2000, 1.508 personas fueron objeto de esta
práctica por parte de los diferentes grupos guerrilleros, lo que representa el 61% de
todas las tomas de rehenes ocurridas en Colombia. Según estos datos, los grupos
paramilitares tomaron como rehenes a 167 personas durante el mismo período.
- Los menores de edad estuvieron entre las principales víctimas de esta práctica. Las
FARC tomaron como rehenes a los niños Andrés Felipe Navas Suárez de 3 años y Clara
Olivia Pantoja de 5 años, quienes fueron llevados a la "zona de despeje"
después de ser secuestrados en la ciudad de Bogotá. El 1º de marzo el ELN tomó como
rehenes a cuatro estudiantes, tres de ellos menores de edad, en un barrio del sur de Cali.
- Este año, el ELN recurrió nuevamente a la toma de rehenes colectiva, como en el caso
de la toma de por lo menos 60 personas en el kilómetro 18 de la vía Cali - Buenaventura
(Valle). Además, varias personas que habían sido víctimas de las tomas de rehenes del
ELN en el 1999 siguieron privadas de su libertad en el transcurso del año 2000, como
algunos de los pasajeros del avión de Avianca, quienes permanecieron en cautiverio
durante más de un año.
- La larga duración del período de privación de la libertad y los rigores extremos del
cautiverio agravaron la situación de muchos rehenes, tanto en su salud física como
sicológica. Según los datos de la Fundación País Libre, 165 rehenes murieron en
cautiverio. Entre ellos figuran tres de los rehenes del ELN del kilómetro 18 de la vía
entre Cali y Buenaventura (Valle).
- Los grupos paramilitares, en particular las AUC, también realizaron tomas de rehenes,
algunas con el fin de ejercer presiones políticas, como fue el caso ocurrido en el mes de
noviembre cuando tomaron a siete miembros del Congreso.
6. Niños víctimas del conflicto armado y del reclutamiento:
- Los niños siguieron figurando entre las principales víctimas del
conflicto armado, en particular de las minas antipersonales de fabricación artesanal
colocadas por la guerrilla. El 10 de julio, en San Carlos (Antioquia), cinco niños
encontraron un artefacto explosivo aparentemente abandonado por las FARC, y procedieron a
manipularlo, produciéndose una detonación que causó la muerte de tres de ellos y
heridas de gravedad en los restantes.
- La Oficina recibió testimonios acerca de niñas víctimas de abusos sexuales al
interior de la guerrilla, generalmente por parte de comandantes de mando medio. Recibió
también numerosas quejas indicando que los diferentes grupos de guerrilla siguieron
incorporando a menores de 15 años en sus filas. Las FARC persistieron en esta
práctica, aun contraviniendo sus reglas internas, y aunque este grupo devolvió algunos
niños a sus familias en la "zona del despeje". Aumentaron los casos de niños
que abandonaron las filas de la guerrilla con grave riesgo para sus vidas, dado que la
pena para los "desertores" es el fusilamiento y que ésta se aplica
independientemente de la edad. Cabe destacar que la participación de niños en las filas
de las guerrillas es importante.
- Los grupos paramilitares también recurrieron al reclutamiento forzoso. Así, las
Autodefensas Unidas del Sur del Casanare difundieron, en el mes de mayo, unos panfletos en
la zona rural de Monterrey (Casanare) llamando a la juventud de la región a cumplir un
"servicio militar obligatorio". En el mes de octubre los paramilitares se
llevaron por la fuerza a varios jóvenes en Puerto Gaitán (Meta) para darles
entrenamiento militar.
7. Desplazamiento forzado
- El desplazamiento forzado de civiles siguió constituyendo una de las
infracciones más comunes al derecho internacional humanitario cometidas por los
diferentes grupos armados ilegales, tanto en su forma masiva como individual. Las amenazas
individuales fueron el método más fácil al que recurrieron paramilitares y guerrilleros
para provocar el desplazamiento. El éxodo masivo constituyó una de las principales
estrategias de guerra de los grupos paramilitares a través del terror causado en sus
incursiones armadas y en los homicidios colectivos.
- El tema del desplazamiento será analizado más exhaustivamente en el capítulo VI.
8. Atentados contra la protección de la misión médica y ataques a unidades y
medios de transporte sanitario
- A lo largo del año se produjeron numerosas graves infracciones a las normas del derecho
internacional humanitario que protegen la misión médica. En Urabá, las AUC dieron
muerte a una guerrillera herida que estaba siendo transportada en un vehículo del Comité
Internacional de la Cruz Roja. En el departamento del Putumayo, un paramilitar herido fue
muerto por las FARC en circunstancias similares. Eso determinó la decisión del CICR de
suspender temporalmente la evacuación de heridos y enfermos. Estos hechos infringen,
además, las normas humanitarias que exigen el respeto de los heridos.
- Graves atentados contra la misión médica fueron los cometidos contra la vida de
funcionarios de salud. El personal de salud afiliado al sindicato ANTHOC fue objeto
constante de amenazas por parte de los grupos paramilitares, especialmente en los
departamentos del Valle del Cauca y de Norte de Santander (véase el capítulo VI.7).
- Se han presentado igualmente situaciones en las que los actores armados han asumido el
control de puestos de salud o de hospitales, impidiendo la atención médica a un sector
de la población. Así, los paramilitares hacen presencia en el hospital de Puerto Asís
(Putumayo), en ocasiones realizando controles en la entrada e impidiendo la atención
médica de habitantes de áreas rurales bajo influencia de la guerrilla.
- Durante el paro armado decretado en septiembre por las FARC, en el Putumayo, este grupo
guerrillero restringió el paso de las ambulancias. Tres de ellas fueron retenidas en la
carretera Santiago (Putumayo) - Pasto (Nariño). El abastecimiento de medicinas en los
hospitales fue seriamente limitado en el marco de ese paro. Trabajadores de salud del
Guaviare han sido objeto de malos tratos, privación de la libertad y han visto sus
movimientos limitados por las FARC, quienes los han acusado de ser informantes de grupos
paramilitares. El 7 de enero de 2000, miembros del ELN colocaron dos artefactos explosivos
en la entrada del hospital en la inspección La Esmeralda de Arauquita (Arauca), quedando
la población privada de asistencia médica ese día.
- Se han registrado también algunos casos en los que miembros de la fuerza pública
impidieron el paso de ambulancias. Ejemplo de esto fue lo sucedido el 8 de marzo en
Cedeño (Norte de Santander), cuando una brigada de salud, que se dirigía hacia una
concentración indígena U'wa para prestar asistencia médica a los indígenas enfermos,
fue retenida durante dos horas por miembros de la Policía Nacional y del ejército, y
luego obligada a devolverse.
9. Ataques a bienes civiles
- Los ataques indiscriminados de la guerrilla a poblaciones causaron importantes daños a
los bienes de carácter civil, sobre todo destruyendo numerosas viviendas, como en los
casos de Puerto Saldaña (Tolima) y Granada (Antioquia), donde decenas de edificaciones
fueron destrozadas y el de Alpujarra (Tolima), población que fue atacada por sexta vez en
18 meses. Otros ejemplos lo constituyen los casos de Colombia (Huila), el 12 de julio,
Arboleda (Caldas), el 29 de julio, San Alfonso (Huila), el 12 de diciembre, Vigía del
Fuerte (Antioquia), el 25 de marzo, Bagadó y Carmen de Atrato (Chocó), el 20 de octubre
y el 5 y 6 de mayo respectivamente.
- Los diferentes grupos armados recurrieron en ocasiones al bloqueo del tránsito de
alimentos hacia diferentes zonas. El caso que ha tenido las repercusiones de más grande
magnitud fue el "paro armado" decretado por las FARC en el departamento del
Putumayo, a finales del mes de septiembre. Durante este paro, que duró 2 meses, el grupo
guerrillero prohibió todo tipo de transporte al interior del departamento, incluido el
transporte de víveres y medicinas, causando un serio desabastecimiento y una emergencia
alimentaria. La población civil fue la víctima principal de esta acción de las FARC.
VI. SITUACIONES DE ESPECIAL PREOCUPACIÓN
1. Evolución del conflicto armado y negociaciones de paz
- La grave situación del respeto a los derechos humanos y al derecho internacional
humanitario en Colombia se extiende más allá de los confines del conflicto armado
interno. Sin embargo, el análisis de este informe no puede abstenerse de examinar la
evolución de dicho conflicto, porque así se contempla en el mandato de la Oficina y el
tema tiene efectos en la plena vigencia y goce de los derechos fundamentales en el país.
La Oficina siguió observando sistemáticas infracciones al derecho internacional
humanitario por cuenta de todos los bandos confrontados. El envilecimiento continuo de los
términos del conflicto y su degeneración son muy profundos, y los llamados a los actores
armados para que sujeten su actuación a los mandatos del derecho internacional
humanitario y eviten estragos a la población civil y daños al medio ambiente son
totalmente desatendidos e incluso rechazados. En este marco, se ha llegado al extremo de
que no sólo se irrespeta a la población civil, sino que también se desconocen las
reglas humanitarias mínimas para los propios combatientes (véase el capítulo V.E).
- Los paramilitares, que apelan a reivindicarse como una fuerza contrainsurgente, en la
práctica atacan casi exclusivamente poblaciones civiles inermes, en acciones de
deliberada e inusitada crueldad, vasto despliegue de efectivos armados y con objetivos
puramente punitivos. Un análisis detallado se encuentra más adelante.
- Las acciones de las FARC se han dirigido a acosar pequeñas localidades, atacando los
puestos de la Policía Nacional con gran ventaja numérica y poder de fuego y usando
cilindros de gas como proyectiles. La escasa precisión de éstos y su extenso poder
destructivo son un factor constante de muertes de civiles no combatientes y de pérdidas
materiales considerables. La toma de rehenes por las FARC y la exigencia de pagos por las
liberaciones han sido reiteradas e impunes.
- Los actos del ELN tampoco han excluido a la población civil de los sufrimientos
directos del conflicto. La práctica de la toma de rehenes masiva, esgrimida públicamente
por este grupo, en particular como un mecanismo de presión política sobre el Gobierno
para adelantar negociaciones de paz, ha sido denunciada por las familias de las víctimas
como un mecanismo extorsivo. Así quedó demostrado este año luego de que -tras 19 meses
de cautiverio- el ELN terminara de liberar a los últimos rehenes tomados en abril de
1999, en el vuelo de Avianca que servía la ruta de Bucaramanga a Bogotá. También
continuaron atentando contra las líneas de transmisión eléctrica, afectando la
interconexión en todo el país, así como contra los oleoductos, provocando derrames de
petróleo.
- Todos los actores del conflicto armado interno, incluida la fuerza pública, han
practicado y recurrido a la restricción de circulación de víveres y otros bienes como
mecanismo para debilitar a las fuerzas contrincantes, siendo la población civil la más
afectada por estas medidas.
- En el período del presente informe, el Gobierno retomó la iniciativa para desarrollar
diálogos de paz con el ELN, buscando condiciones para realizar la "Convención
Nacional" solicitada por este grupo. Varios gobiernos extranjeros y diversos líderes
políticos y sociales del país han acompañado activamente este esfuerzo. Así se
conformó un "Grupo de Amigos" para impulsar el diálogo de paz entre el
Gobierno y el ELN, integrado por Cuba, España, Francia, Noruega y Suiza. Las partes
convergieron en una propuesta para crear una "zona de convivencia" para los
diálogos en tres municipios de los departamentos de Antioquia y Bolívar, llegando a unos
acuerdos previos relativos a medidas importantes como la verificación internacional y la
presencia de autoridades judiciales en la zona. La activa presencia paramilitar en dicha
región, así como la agitación social liderada por grupos cívicos y políticos a nivel
local que rechazaron la iniciativa, empantanaron el avance. Como consecuencia de esos
diálogos, el ELN liberó el 24 de diciembre, en Convención (Norte de
Santander), a 42 soldados y policías que mantenía en cautiverio.
- Por otra parte, cumplidos ya dos años de diálogo entre el Gobierno y las FARC, el
balance de los logros y dificultades es mixto, habida cuenta de que los diálogos han
tenido como marco la continuación de la confrontación armada. Para efecto de esos
diálogos se estableció una "zona de distensión" que abarca un área de 42.000
km2 en cinco municipios de los departamentos del Meta y Caquetá, de los cuales
se retiraron los efectivos de la fuerza pública. El mantenimiento del mecanismo de la
"zona de distensión" fue arduo. Al cierre de este informe, el Gobierno
autorizó su vigencia hasta el 31 de Enero de 2001. Las partes han afirmado que la zona
permitió avanzar en la construcción de una confianza entre las partes. Delegados del
Gobierno y de las FARC realizaron un viaje oficial a varios países de Europa, a comienzos
del año. Las partes han señalado igualmente el logro de la discusión de una agenda
temática. Cabe anotar que ha habido una apertura más amplia en la integración de la
delegación negociadora gubernamental. Algunos ejercicios de interlocución abiertos a la
sociedad civil, a través de "audiencias públicas", tuvieron lugar en el
territorio de la "zona de distensión". Sin embargo, el proceso vivió varias
crisis durante el año, que llevaron incluso al congelamiento de los diálogos varias
veces. El desaliento de la opinión pública ante la ausencia de avances y acuerdos
concretos entre las partes y la escala ascendente de la confrontación armada, así como
su degradación y el altísimo costo humano que acarrea, ha llevado al proceso a un punto
de crisis. Algunos ya cuestionan la conveniencia de prolongar el mecanismo de la
"zona de distensión".
- La zona de distensión se ha caracterizado por una notable ausencia de los mecanismos de
control e investigación del Estado. Las fiscalías de San Vicente del Caguán y de
Mesetas, cerradas el año anterior, no han sido reabiertas. Como se señaló el año
pasado, las FARC se convirtieron de facto en la autoridad. Aun cuando existen fiscalías
en municipios aledaños a la zona de distensión, sus habitantes no acuden a ellas debido
a las amenazas provenientes de los grupos paramilitares allí presentes. La Defensoría
del Pueblo ha podido continuar su labor con cinco oficinas locales, con apoyo financiero
internacional. Las FARC han sido poco receptivas a las intervenciones de la Defensoría
relativas a infracciones al derecho internacional humanitario. En esta zona persistió
entonces la actuación limitada del Estado.
- La Oficina no ha registrado cambios sustantivos en la conducta de las FARC en la
"zona de distensión". Los hechos más graves, tratados específicamente en
otros acápites de este Informe, incluyen la toma de rehenes, inclusive de niños, los
cuales serian mantenidos cautivos en la zona y cuyos rescates se negociarían en la misma;
los homicidios de personas acusadas de colaborar con los grupos paramilitares y el
reclutamiento de menores de edad. Se registraron algunos gestos positivos por parte de las
FARC, tales como la devolución de algunos niños menores de quince años a sus familias,
y el retorno de los miembros de la comunidad evangélica. Sin embargo estos hechos fueron
excepcionales y los comportamientos variaron según los frentes y los comandantes que
operan en cada localidad. Así, en el municipio de Vistahermosa aumentó la presión de
los insurgentes sobre la población y el control sobre la administración del municipio,
exigiendo incluso la renuncia de varios funcionarios, entre ellos del personero municipal.
Cabe recordar que en 1999 el alcalde de ese municipio murió en Villavicencio a manos de
los guerrilleros.
- Durante el año 2000 la Oficina visitó varias veces la "zona de distensión",
y pudo plantear ante la dirigencia de las FARC sus temas de mayor preocupación,
principalmente la falta de respeto al derecho internacional humanitario en el conjunto del
país y las preocupaciones específicas sobre esa zona. Las sindicaciones contra las FARC
en la "zona de distensión" han sido admitidas por el mencionado grupo, aun
cuando las hayan justificado. El Ministro del Interior en una audiencia, convocada el 7 de
diciembre de 2000 por la Corte Constitucional para revisar la legalidad del
establecimiento de la referida zona, sostuvo que al Gobierno no le constaba
probatoriamente que infracciones o delitos imputables a las FARC se hubieran cometido en
la "zona de distensión".
2. Evolución del paramilitarismo
- En congruencia con las observaciones reportadas por la Alta
Comisionada en sus informes anteriores, el Gobierno acepta que el paramilitarismo
representa "una grave amenaza para la institucionalidad y [es] responsable de una
gran parte del incremento de las violaciones a los derechos humanos". Agrega además
que es "uno de los factores que más contribuye a la degradación de la
confrontación armada" pues "tiene como principal forma de acción la
utilización del terror contra la población [...] por medio del asesinato selectivo o de
la masacre indiscriminada", con el propósito de "provocar el desplazamiento
masivo...".
- Según el Gobierno, el origen del fenómeno paramilitar y la explicación de su actual
grado de desarrollo se resumen en la articulación criminal de las bandas de
narcotraficantes con redes de apoyos sociales, económicos y políticos en muy
particulares contextos locales y regionales. La Oficina ha observado y señalado además
que, históricamente, la legislación y las políticas estatales también han desempeñado
un papel innegable en la actual magnitud y características del paramilitarismo. A ello
debe agregarse las notorias responsabilidades individuales de servidores públicos
involucrados con estos grupos en el curso de los últimos años, así como los ciclos de
activo compromiso de las fuerzas militares con fórmulas de inclusión de civiles armados
en la lucha contrainsurgente.
- Cuando se somete a escrutinio la eficacia real de la acción estatal contra el fenómeno
paramilitar, los resultados presentados por el Gobierno contrastan con la acelerada
expansión y presencia de grupos paramilitares en, por lo menos, 409 municipios (un 40%
del país). El Ministerio de Defensa reconoce que actualmente operan más de 8.000
paramilitares, lo cual significa un crecimiento de 81% en los últimos dos años.
- Durante el curso del período del presente Informe, la Oficina ha podido acreditar de
manera directa la alarmante consolidación y propagación del paramilitarismo, así como
su creciente capacidad operativa. Baste mencionar las acciones de los frentes
"Pacífico", "Farallones" y "Paez" que operan,
principalmente, en los municipios vallecaucanos de Buenaventura y Jamundí, así como en
el municipio de Buenos Aires (Cauca). También es notoria la extensión de la influencia y
presencia de las AUC desde las zonas baja y media del Río Atrato hacia su zona alta en el
departamento del Chocó, que sumieron en la zozobra -incluso en las zonas urbanas- a las
localidades de Turbo, Apartadó y Quibdó. En el departamento de Córdoba la hegemonía
paramilitar es creciente en distintos sectores de la sociedad y la presión se ha hecho
evidente, en particular, en los espacios políticos y académicos. En la región del
Catatumbo (Norte de Santander) el paramilitarismo controla ya el municipio de Tibú.
- En sus continuas visitas a zonas rurales del país, la Oficina siguió recibiendo y
siendo testigo de múltiples indicios sobre la existencia de actitudes omisivas así como
de vínculos estrechos y persistentes entre algunos integrantes de la fuerza pública y
los grupos paramilitares. La triste revelación de que varios de los militares destituidos
este año (véase el capítulo VII.A). han pasado a engrosar las filas paramilitares a los
pocos días de su separación del servicio activo, es un hecho adicional de suma
preocupación y motivo de seria reflexión. El alcance de las observaciones de la Oficina
se puede apreciar por el contenido y oportunidad de la información suministrada al
Gobierno. Por ejemplo, a la entrada de la vereda "El Placer" es notoria la
existencia de un retén paramilitar apenas a quince minutos de La Hormiga (Putumayo),
donde se asienta un Batallón del ejército perteneciente a la Brigada XXIV. Ocho meses
después de que la Oficina reportara su observación directa del mismo, el retén seguía
operando. Las autoridades militares negaron por escrito que esa posición paramilitar
existiera. También la Oficina observó que en la hacienda "Villa Sandra", entre
Puerto Asís y Santa Ana, del mismo departamento, los paramilitares se mantenían operando
a pocos minutos de las instalaciones de la Brigada XXIV del ejército. Con posterioridad
se informó de dos allanamientos realizados por la fuerza pública que, al parecer, no
dieron resultados. Sin embargo, la existencia y mantenimiento de dicha posición
paramilitar es de pleno conocimiento público, tanto así que fue visitada en repetidas
oportunidades por periodistas internacionales, quienes publicaron sus entrevistas con el
comandante paramilitar. Testimonios recibidos por la Oficina dan cuenta, incluso, de
reuniones entre miembros de la fuerza pública y paramilitares en la misma hacienda
"Villa Sandra". A fines de julio, la Oficina alertó a las autoridades sobre la
inminencia de una incursión paramilitar en el casco urbano de La Dorada, municipio de San
Miguel (Putumayo), la cual efectivamente tuvo lugar el 21 de septiembre. Los paramilitares
permanecieron varias semanas en la localidad, a pesar de que ésta se encuentra a pocos
minutos de la base del ejército en La Hormiga.
- Desde el 24 de marzo la Oficina comunicó a las autoridades sobre la existencia de una
base paramilitar en la finca "La Iberia", municipio de Tuluá (Valle del Cauca),
sin que hasta el cierre de este informe se haya recibido respuesta sobre alguna acción al
respecto. En "El Guamo", región de los Montes de María (Bolívar), existe una
base paramilitar cuya posición incluso ha sido reconocida ante la Oficina por autoridades
militares de la Brigada I en Sincelejo (Sucre). Desde esta posición paramilitar se
habrían ordenado las masacres de Ovejas y El Salado. En el corregimiento de San Blas
(Bolívar), controlando los accesos a las localidades de Santa Rosa y Simití, se
encuentra otra base paramilitar. En el mes de mayo, la Oficina informó a las autoridades
de otra base en "El Jordán", municipio de San Carlos (Antioquia). Los
batallones de Contraguerrillas N?4 "Granaderos" y N?42 "Héroes de
Barbacoas" están acantonados a unos 20 minutos del lugar. Los
paramilitares permanecieron en todos los sitios observados a lo largo del año y
cometieron homicidios y masacres en los cascos urbanos y en las áreas rurales de dichas
poblaciones.
- La intensidad y recurrencia de las acciones paramilitares contra la población civil,
lejos de debilitarse se incrementaron, sin que se hayan visto confrontadas por una acción
gubernamental que les ponga freno. En contraste con las grandes ofensivas militares contra
las guerrillas, en las que se aplican ingentes recursos humanos y logísticos en campañas
que duran semanas, los resultados que se han presentado en el marco de la ejecución de la
política gubernamental contra el paramilitarismo y el funcionamiento del Decreto 324 de
2000, son puntuales. Generalmente, el ataque contra estos obedece a escaramuzas menores,
requisas y detenciones individuales y esporádicas (en muchos casos logradas gracias a la
acción de la Fiscalía). El alcance estratégico que tales acciones en la lucha contra el
paramilitarismo es cuestionable. Desde que el Ministro de Defensa fue designado
responsable del "Centro de coordinación de la lucha contra los grupos de autodefensa
y demás grupos armados al margen de la ley", creado por el mencionado Decreto, la
Oficina, como se ha detallado líneas atrás, ha transmitido informaciones señalándole
la ubicación de bases paramilitares y los movimientos de los distintos bloques. Las
respuestas recibidas han sido generalmente insatisfactorias y formales, al carecer de
información sobre acciones específicas de las autoridades. Es relevante destacar que en
las masacres paramilitares de la Unión (Antioquia), el 8 de julio, y de la Ciénaga
Grande de Santa Marta (Magdalena), el 22 de noviembre, se denunció la actitud
omisiva de la fuerza pública. En las masacres en las comunidades de paz de San José de
Apartadó (Antioquia), el 19 de febrero, y El Salado/Ovejas (Bolívar/Sucre), 16-19 de
febrero, la Oficina recibió testimonios sobre la participación directa de miembros de
las fuerzas militares.
- A todo lo anterior se añade la perturbadora holgura con la que el principal jefe
paramilitar del país, Carlos Castaño Gil, ha obtenido este año una visibilidad pública
ante los medios de comunicación nacionales e internacionales. Castaño, quien ha
señalado que su itinerario contrainsurgente se inició participando en entrenamientos que
se daban en las instalaciones del "Batallón Bomboná" (Batallón de Infantería
Nº 42 del ejército) en los años 80, confiesa que el 70% de la financiación de sus
actividades proviene del narcotráfico y busca, al parecer, que el Gobierno considere a
los paramilitares como un actor armado independiente en los procesos de negociación.
3. Evolución del desplazamiento interno
- Durante el año 2000, la expansión, escalamiento y degradación del
conflicto armado han exacerbado el problema del desplazamiento forzado. Los actores
armados han continuado intensificando sus operaciones en todo el país y el desplazamiento
continúa siendo una estrategia de guerra en la lucha por el control del territorio. En la
actualidad, casi la totalidad de los departamentos están afectos por este flagelo.
- CODHES reporta una cifra de más de 308.000 personas desplazadas, de enero a noviembre
de 2000. La cifra más alta se habría registrado en el tercer trimestre con 93.216
personas. Según esa organización, estas cifras representan un inquietante incremento,
pues se sitúan alrededor de las registradas en 1998, el peor de los años, pero sin los
datos de diciembre. No obstante, el problema no se circunscribe a los nuevos desplazados
durante el año 2000, pues la mayoría de los desplazados de años anteriores no han visto
solucionada su situación y se encuentran desempleados, con déficit alimentario, sin
vivienda y en la total indigencia. Esto significa que las consecuencias del continuo
incremento del número de desplazados aumenta paulatinamente la gravedad y dimensión de
esta problemática. La situación constituye una emergencia humanitaria en el ámbito
nacional, con posibilidades de extenderse hacia los países vecinos.
- La incidencia de las amenazas de muerte, de las masacres y de los retenes sobre los
desplazamientos forzados es incuestionable. Así, CODHES destacó el hecho de que durante
el período de mayor flujo de desplazados, las 53 masacres ocurridas en ese lapso, que
dejaron 285 muertos, han tenido relación directa con el abandono de los lugares
de residencia.
- En cuanto a la responsabilidad respecto al desplazamiento forzado, la misma fuente
señaló que, durante el primer semestre de 2000, los principales responsables del
desplazamiento siguieron siendo los grupos paramilitares con el 49%, seguidos por la
guerrilla con un 28% y las fuerzas militares con un 5%. Este año se incrementó en forma
notoria el desplazamiento causado por desconocidos, que llegó al 16%, lo cual indica que
los actores armados buscan ocultar su identidad y no reivindican los hechos de violencia
que provocan desplazamiento. El Ministerio de Defensa no ha hecho público el número
total de desplazamientos registrados durante el año, pero según cifras difundidas por
ese despacho, de enero a junio de 2000 el 71% de los desplazamientos fueron causados
presuntamente por grupos paramilitares, el 14% por grupos guerrilleros, el 15% como
consecuencia de acciones de guerrilla y paramilitares y el 0,04% por agentes armados del
Estado.
- Los departamentos más afectados por el desplazamiento, ya sea como zonas de recepción
o de expulsión, siguen siendo Antioquia, Bolívar, Valle del Cauca, Atlántico, Magdalena
y la ciudad de Bogotá. Este año el fenómeno se ha acrecentado en los departamentos de
Putumayo, Nariño, Meta, Tolima y Huila. Además de la influencia de las violaciones de
derechos humanos e infracciones al derecho internacional humanitario, la impunidad que ha
reinado en relación a este fenómeno, sumada a la inacción estatal en el área de la
prevención, hacen que las poblaciones se desplacen frente a la orden, amenaza o a la mera
presencia de actores armados como medida preventiva. La Oficina ha alertado sobre amenazas
directas de desplazamientos forzados o creciente inseguridad en zonas de expulsión o de
recepción, y ha solicitado al Gobierno acciones puntuales para contrarrestar dichas
amenazas. Sin embargo, no ha obtenido respuestas satisfactorias por parte del Gobierno.
- En cuanto a la atención de los desplazados, cabe señalar que la Red de Solidaridad
Social, entidad encargada del tema, aunque tiene presencia en cada departamento, no es una
estructura suficientemente descentralizada. Las representaciones regionales no han
recibido suficiente delegación para la toma de decisiones, ni tampoco en el manejo de los
recursos, ya que todo se gestiona a través de Bogotá. La atención de los desplazados se
ha focalizado mayormente en la ayuda humanitaria de emergencia, la cual continúa en gran
parte en manos de la comunidad internacional, en particular del CICR, entidad que entre
enero y octubre ha proporcionado asistencia a 106.981 personas y 22.564 familias.
- Es importante destacar el aumento en la cobertura del registro de los desplazados. Sin
embargo sigue sin poder estimarse el desplazamiento en Colombia, en particular por la
existencia del subregistro. La rigidez en la atención y las trabas burocráticas hacen
que el registro se perciba, por la población afectada, más como una obstaculización
para los beneficios previstos que como el instrumento para acceder a los mismos.
Adicionalmente, esta situación hace que el fenómeno del desplazamiento continúe sin
adquirir para el Estado la dimensión real, con las consiguientes consecuencias en la
eficacia de las respuestas y en las prioridades estatales.
- Los desplazados no están recibiendo la debida protección y garantías de seguridad del
Estado. En muchas zonas receptoras del país, la Oficina ha registrado casos de amenazas y
atentados contra personas desplazadas y, particularmente, contra sus líderes. En este
sentido, es extremadamente preocupante la disminución de los espacios humanitarios en
varias regiones. El Gobierno no ha creado aún un programa de protección adecuado
para estas personas en riesgo y no ha tomado medidas para luchar contra la discriminación
y estigmatización de la que ellas son objeto. Cabe mencionar el caso de Cacarica, en
donde tres de los desplazados fueron muertos en el casco urbano de Turbo, en marzo de
2000, por presuntos paramilitares. En septiembre de 2000 un grupo de desplazados,
asentados en Tuluá (Valle), recibió amenazas de los paramilitares, conminándolo a
retornar a sus lugares de origen. El Gobierno respondió creando una comisión de alto
nivel que hasta la fecha no ha podido dar una solución definitiva a estos desplazados,
muchos de los cuales se vieron obligados a acatar la voluntad de los paramilitares.
- La Oficina sigue notando con preocupación que aún no se cuenta con un mecanismo legal
idóneo para la reubicación o el retorno de los desplazados. En el presente año, gran
parte de los retornos masivos de población desplazada se han desarrollado sobre la base
de frágiles acuerdos con grupos armados ilegales, sin que el Estado haya cumplido sus
deberes de protección y atención frente a dicha población. No se ha avanzado con los
programas de soluciones duraderas urbanas ni rurales, con lo cual no se puede hablar de
restablecimiento de la población en condiciones de seguridad y de sostenibilidad.
- Ante la urgencia de una respuesta integral y coordinada por parte del Estado, cabe
señalar que queda pendiente la conformación y funcionamiento del Consejo Nacional para
la Atención Integral de la Población Desplazada. Lo mismo debe decirse de la creación
del Observatorio del Desplazamiento Interno por la Violencia y de un sistema de alerta
temprana, previstos en la Ley 387.
- En septiembre, la Corte Constitucional emitió un fallo donde describe el fenómeno como
"una situación de grave emergencia social" y fija términos para garantizar la
ejecución de la Ley 387. Además, le solicita al Presidente de la República asumir
la dirección de la política nacional en esta materia y al gobierno nacional destinar
suficientes recursos para hacer frente a la emergencia (véase el capítulo VII.A). En
general, el problema está fundamentalmente en la puesta en práctica de las normas y
mecanismos previstos más que en la ausencia de unos y otros.
4. Administración de justicia e impunidad
- La administración de justicia en Colombia muestra numerosas
debilidades y deficiencias que representan, a su vez, los principales factores de
impunidad. Además de la debilidad institucional de la que adolece actualmente el Estado,
las instituciones judiciales padecen fallas funcionales, estructurales y limitaciones
presupuestarias.
- No todos los funcionarios judiciales están sometidos a una carrera judicial, y en
particular en la Fiscalía los puestos son de libre nombramiento y remoción. Esto no
garantiza la seguridad jurídica y la estabilidad necesaria para el libre cumplimiento de
sus funciones. Considerando las dificultades de seguridad y la falta de credibilidad en la
independencia y en la eficacia de la justicia por parte de la población, preocupa que
estas investigaciones dependan excesivamente de las denuncias y declaraciones de víctimas
y testigos, renuentes a hacerlas por las razones citadas, disminuyendo por lo tanto las
perspectivas de una resolución exitosa.
- En el presente período, el programa de protección de la Fiscalía, destinado a
funcionarios judiciales, víctimas, testigos y otros intervinientes en el proceso penal,
ha puesto en evidencia su incapacidad para responder adecuadamente y oportunamente a la
dimensión de la problemática. El Programa adoleció de la falta de recursos suficiente
por parte del Gobierno. Por otro lado, la Fiscalía no parece haber explorado las diversas
estrategias que podrían, independientemente de los recursos, fortalecer el mencionado
programa. La Oficina constató la falta de criterios claros y de análisis coherente con
las urgencias y prioridades en las decisiones tomadas en el marco de ese Programa.
- La Unidad Nacional de Derechos Humanos de la Fiscalía supone ser un ámbito
especializado para la investigación de los casos más relevantes en materia de derechos
humanos, además de liberar a funcionarios locales de las amenazas y dificultades de una
investigación in situ. Sin embargo, la Oficina ha conocido de casos que
llegan al conocimiento de la Unidad y que no tienen ninguna relación con ese tema. Esto
va en desmedro de la eficacia de su trabajo y provoca la acumulación de expedientes que
entorpecen el tratamiento de los casos para los cuales fue creada. Por otra parte, casos
muy importantes en materia de derechos humanos han quedado fuera de la competencia de la
Unidad, como lo fue el caso de Pueblo Rico. Esto demuestra que los criterios de selección
de casos en la Fiscalía no mantienen una claridad y coherencia suficientes para potenciar
al máximo el trabajo de la Unidad y pone en evidencia la necesidad de establecer reglas
claras y objetivas que disminuyan la excesiva discrecionalidad de la Dirección Nacional
de Fiscalías.
- En el presente año de Informe se conformaron ternas para el nombramiento de magistrados
de las altas cortes. La Oficina ha seguido con preocupación las denuncias que indicaban
una "politización de la justicia", situación que impediría el acceso a esos
tribunales a las personas que no se sometan a cabildeos o no posean filiación política
con los partidos tradicionales. A esto se suma que la Contraloría General de la
República ha dado a conocer reportes muy críticos sobre el manejo de recursos públicos
dentro de entidades de la rama judicial.
- Un elemento muy preocupante para la Oficina ha sido la situación de inseguridad de los
funcionarios judiciales en el desarrollo de sus funciones. Hasta el 15 de septiembre, el
Fondo de Solidaridad con Víctimas de la Rama Judicial, registraba un total de por lo
menos 9 exiliados, entre jueces, fiscales y técnicos judiciales. También informó de un
total de 11 muertos, 11 desaparecidos, 21 víctimas de amenazas y 3 de atentados con
sobrevivientes. La mayoría de víctimas se registran entre los investigadores del Cuerpo
Técnico de la Fiscalía (CTI). Este último señaló que, hasta el 12 de diciembre, un
total de 16 de sus miembros han sido víctimas de muerte y 11 de secuestro, de los cuales
3 fueron liberados. Cabe destacar que el Programa de Protección de la Fiscalía no cubre
la situación de los funcionarios judiciales, a pesar de estar previsto en su mandato.
Tampoco el Consejo Superior de la Judicatura ha puesto énfasis en esta problemática.
- Un factor neurálgico de impunidad ha continuado siendo el funcionamiento de la justicia
penal militar en relación con investigaciones de violaciones de derechos humanos o de
derecho internacional humanitario. Lamentablemente, a pesar de la entrada en vigencia del
nuevo Código Penal Militar y de la jurisprudencia constitucional en la materia (véanse
los capítulos V.A y VIII.B y C), casos de graves violaciones de derechos humanos e
infracciones al derecho internacional humanitario siguen en conocimiento de tribunales
castrenses. Ejemplo de ello es el de Santo Domingo y el de Pueblo Rico, donde se investiga
a militares por dar muerte a civiles, que han sido trasladados en el trascurso del año al
fuero militar. Otros, como el de la masacre de Mapiripán, continúan en ese fuero. En el
primer caso, la Oficina teme por el éxito de la investigación, considerando las
reiteradas declaraciones de la fuerza pública señalando que los hechos sucedieron como
consecuencia de un carro bomba de la guerrilla. Lo paradójico de este caso es que,
mientras se ciernen temores de impunidad sobre esos hechos, defensores de derechos
humanos, denunciantes de los mismos, están procesados por calumnia e investigados por la
Fiscalía, en seguimiento de la denuncia presentada por el Comandante General de la Fuerza
Aérea.
- Durante el período que abarca el presente informe, el Comité de impulso de las
investigaciones de casos de violaciones de derechos humanos y de derecho internacional
humanitario, creado por Decreto 2.429 de 1998, y presidido por el Vicepresidente, sólo se
reunió en 2 oportunidades, además de tres reuniones del grupo de trabajo que prepara su
agenda.
- A partir del mes de julio no se registraron nuevas reuniones de esta instancia. En este
marco, es muy difícil conceder los pocos avances que puedan haberse registrado en los
procesos a la acción efectiva de esta instancia.
- En casos en que la Procuraduría, en sus funciones de Ministerio Público estaba en la
obligación de vigilar y exigir el respeto de las garantías judiciales, la Oficina
recibió información sobre la actuación deficiente de aquella, en particular en
investigaciones por graves violaciones de derechos humanos y especialmente en procesos
ante la justicia penal militar. Este último aspecto es de gran importancia tomando en
cuenta que en esas cuestionadas investigaciones el control del Ministerio Público es
esencial para exigir que se respete el debido proceso y evitar la impunidad.
- La Defensoría Pública cuenta con 957 defensores contratados que se ocupan de procesos
penales. Si bien una resolución le obliga a prever un defensor por cada municipio, su
cobertura sólo abarca alrededor del 85% del territorio nacional. No obstante esta
dificultad, es necesario recordar que también hay que tomar en cuenta las necesidades y
características propias de cada región del país en la distribución del servicio. No
existe una metodología transparente y adecuada para la contratación, la cual no se lleva
a cabo mediante concurso.
- Los problemas descritos en el informe anterior sobre las limitaciones al acceso a la
justicia en varias regiones del país siguen vigentes en este período de examen. En
algunas regiones, la presencia y control de los actores armados se ha fortalecido e
incrementado haciendo que las posibilidades reales de acción independiente por parte de
los funcionarios judiciales, libre de hostigamientos o presiones, sea extremadamente
limitada.
5. Situación carcelaria
- La Oficina ha observado con preocupación la grave situación de las
cárceles. Tal como lo ha señalado la Corte Constitucional y diversos informes sobre la
materia, las precarias condiciones de los internos en los diferentes centros de reclusión
del país, en las estaciones de policía y en las salas de retenidos del DAS, SIJIN, DIJIN
y CTI, distan mucho de ser consideradas mínimamente respetuosas de la dignidad humana. A
este respecto, esa Corte ha emitido un nuevo pronunciamiento (Sentencia T 847/00)
previniendo a las autoridades competentes para que se abstengan de mantener detenidos en
sus dependencias más allá de las 36 horas prescritas por la Constitución.
Pese a esta decisión, la autoridad penitenciaria continúa remitiendo internos a las
dependencias policivas.
- El Ministerio de Justicia ha formulado el denominado "Plan Integral del Sistema
Penitenciario y Carcelario". En un sucinto diagnóstico ese plan señala, entre
otras, las siguientes falencias del sistema: la corrupción en el interior de las
cárceles; la vetustez y el mal estado de las edificaciones utilizadas para albergar
internos; la falta de aplicación de planes de seguridad; las deficiencias en las
remisiones y traslados; los altos índices de hacinamiento; la violencia e intolerancia en
el interior de las reclusiones, y la ineficacia en la información y sistematización en
los diferentes centros de reclusión. El informe de seguimiento del mencionado plan
integral señala avances en materia de habilitación de cupos, salud, alimentación,
capacitación de la guardia y lucha contra la corrupción. Sin embargo, con fundamento en
las apreciaciones de la Defensoría del Pueblo y de la población carcelaria, la Oficina
tiene motivos para diferir de estas afirmaciones.
- La superpoblación carcelaria, la disputa por el ejercicio del poder y el control en las
cárceles por parte de los diferentes grupos al margen de la ley, así como la existencia
de diversos tipos de armas y los altos índices de corrupción, ponen de manifiesto la
falta de control del Estado y la ausencia de políticas institucionales para la promoción
del desarrollo integral de los reclusos. Según información del Instituto Nacional
Penitenciario y Carcelario (INPEC), hasta el mes de septiembre, se habrían registrado en
las cárceles 145 víctimas de muerte violenta y 426 heridos.
- Cabe destacar el hecho ocurrido en la Cárcel Nacional Modelo de Bogotá, el 27 de abril
de 2000, donde internos armados se enfrentaron violentamente, con un saldo de 25
muertos, 18 heridos y un numero indeterminado de desaparecidos. En dicho incidente se
requisaron armas, explosivos, cartuchos, elementos de comunicación, insignias de las AUC
y otros enseres. La intervención oportuna de la fuerza pública habría impedido que este
hecho tuviera tan alto costo de vidas humanas. Este es un claro ejemplo de la situación
carcelaria reseñada, que tiende a agravarse en tanto que el Estado no adopte medidas
eficaces para erradicar las causas estructurales que la han conducido a su actual crisis.
- La objeción del Ejecutivo al proyecto de ley por el cual se concedía rebajas de penas
con ocasión del jubileo, unida a las inhumanas condiciones en las que se encuentran los
reclusos, motivó una jornada de "desobediencia civil" en la que cerca de 6.000
familiares de los internos permanecieron por más de cuatro días en el interior de varios
centros carcelarios del país. Entre los principales reclamos de los internos estaban la
convocatoria inmediata de los representantes de la Mesa Nacional de Trabajo, una comisión
de verificación de derechos humanos en la cárcel de Valledupar y el debate en el
Congreso sobre la crisis de la justicia y de las cárceles. El INPEC, en acuerdo con
los representantes de la Mesa Nacional de Trabajo, resolvió convocar a una reunión de la
misma para los primeros días de diciembre.
- Informes de auditoría de la Contraloría General de la República sobre el INPEC hacen
apreciaciones preocupantes sobre el manejo financiero y administrativo, la adjudicación
de contratos para ejecución de obras, las deficiencias estructurales que presentan las
diferentes cárceles, entre ellas la de Valledupar, recientemente inaugurada, y la de
Girardot. La Contraloría concluye afirmando que existe "una falta de compromiso de
los administradores del INPEC en el diseño, programación y ejecución de políticas y
estrategias que permitan desarrollar a cabalidad la misión institucional". En este
mismo sentido, la Oficina ha tenido conocimiento de las quejas formuladas por el sindicato
de la guardia penitenciaria ante la Procuraduría General de la Nación y la Defensoría
del Pueblo por presuntas irregularidades en el INPEC.
- Los nuevos Códigos Penal y Procesal Penal no contribuyen a solucionar la actual
situación carcelaria (véase el capítulo VII.B). El primero incrementa los mínimos de
la pena de prisión y criminaliza nuevas conductas que conllevan penas privativas de la
libertad. El segundo, contempla una serie de delitos inexcarcelables, que obligan al
funcionario judicial a dictar detención provisional. Cabe señalar que, según e