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Informe Anual del Alto Comisionado sobre DDHH en Colombia en 2001
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

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Distr.
GENERAL
E/CN.4/2003/13
24 de febrero de 2003
Original: ESPAÑOL*
COMISIÓN DE DERECHOS HUMANOS
59º período de sesiones
Tema 3 del programa provisional


ORGANIZACIÓN DE LOS TRABAJOS
Informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación de los derechos humanos en Colombia**

ÍNDICE (Párrafos)

Resumen

I. INTRODUCCIÓN 1-4

II. CONTEXTO NACIONAL 5-24

III. CONFLICTO ARMADO INTERNO 25-40
a) Grupos guerrilleros 30-31
b) Grupos paramilitares 32-34
c) Fuerza pública 35-38
d) Importancia de un proceso de negociación de paz 39-40

IV. SITUACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS 41-54

V. SITUACIÓN DEL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO 55-58

VI. ÁREAS DE ESPECIAL PREOCUPACIÓN O IMPORTANCIA 59-115
1. Estado de derecho y política de seguridad 59-78
a) Estado de conmoción interior 63-66
b) Zonas de rehabilitación y consolidación 67-69
c) Situación en la antigua zona de distensión 70-73
d) Paramilitarismo 74-77
2. Administración de justicia e impunidad 78-87
Situación carcelaria 84-87
3. Desplazamiento forzado 88-94
4. Grupos étnicos 95-101
5. Defensores de derechos humanos 102-108
6. Libertades fundamentales 109-115
a) Libertad sindical 109-110
b) Libertad de opinión y de expresión 111-112
c) Libertad de conciencia y religión 113
d) Derechos políticos 114-115

VII. SEGUIMIENTO DE LAS RECOMENDACIONES INTERNACIONALES 116-130

VIII. ACTIVIDADES DE LA OFICINA EN COLOMBIA DEL ALTO COMISIONADO DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LOS DERECHOS HUMANOS 131-151
1. Asesoramiento y cooperación técnica 135-151
a) Cooperación en materia de capacitación en derechos humanos y derecho internacional humanitario 137-144
b) Cooperación en materia de fortalecimiento institucional 145-151

IX. RECOMENDACIONES 152-181
a) La prevención y la protección 155-162
b) El conflicto armado interno 163-168
c) El Estado de derecho y la impunidad 169-175
d) Las políticas económicas y sociales 176
e) La promoción de una cultura de derechos humanos 177-179
f) El asesoramiento y la cooperación técnica de la Oficina 180-181

X. MAPA DE COLOMBIA. División política territorial. Zonas
de rehabilitación y consolidación. Antigua zona de distensión.

Anexo: Situación de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario.
Principales violaciones e infracciones


Resumen

Este informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre Colombia cubre el período comprendido entre el 1º de enero y el 31 de diciembre de 2002, y responde a la solicitud formulada por la Comisión de Derechos Humanos durante su 58º período de sesiones.

Contexto nacional

El informe analiza el contexto nacional y pasa revista a los factores de orden político, militar, económico, social e institucional que a lo largo del año 2002 plantearon a Colombia múltiples problemas, dificultades y retos en relación con el mantenimiento de los principios del Estado de derecho, el respeto de los derechos humanos y la observancia de la normativa internacional humanitaria. Entre esos factores figuran: la interrupción de los procesos de paz entre, por un lado, el Gobierno del Presidente Andrés Pastrana y, por otro lado, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), respectivamente; la incidencia que en la degradación del conflicto armado han tenido las acciones violentas, muchas de ellas de un corte terrorista, tanto por parte de los grupos guerrilleros como por parte de los grupos paramilitares; la persistencia de denuncias e informaciones sobre nexos entre servidores públicos y organizaciones paramilitares; y los obstáculos que para el cabal ejercicio de los derechos políticos han constituido las presiones ejercidas sobre candidatos y sufragantes por los grupos ilegales. Las elecciones de marzo para el Congreso y las elecciones presidenciales en mayo fueron dos importantes puntos de referencia en el panorama político de 2002, que permitieron observar la situación de derechos humanos en los últimos meses del Gobierno del Presidente Andrés Pastrana y los primeros cien días del Gobierno del Presidente Álvaro Uribe.

Otros factores analizados son: la adopción y el desarrollo de la política de seguridad por parte del nuevo Gobierno, que comenzó su ejercicio el 7 de agosto; las medidas adoptadas a raíz de la declaratoria del estado de conmoción interior; la preparación de la convocatoria del referendo constitucional para el año 2003; las gestiones en pro de la iniciación de un diálogo con grupos paramilitares; y las dificultades que el país afronta en materia de endeudamiento, déficit fiscal y realización progresiva de los derechos económicos, sociales y culturales.

Al terminar el año se percibió una serie de desafíos en el contexto nacional. Para sólo mencionar algunos, cabe referirse a la degradación incesante del conflicto armado, y a las dificultades para emprender un proceso gradual de solución política del mismo a través de negociaciones de paz adecuadamente estructuradas. A este respecto parece evidente que los buenos oficios del Secretario General, a través de su Asesor Especial, deben ser considerados tanto para retomar el proceso de acercamiento entre el Gobierno y las FARC-EP como para el diálogo entre el Gobierno y el ELN.

Otro desafío es el relativo a los contactos, el diálogo y una posible negociación entre el Gobierno y los grupos paramilitares. Parece necesario hacer claridad sobre cuáles de las condiciones planteadas por los dirigentes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) pueden aceptarse sin menoscabo del Estado de derecho y sin menosprecio por los derechos fundamentales a la verdad, a la justicia y a la reparación.

Otro reto para el Gobierno y los sectores económicos del país sigue siendo el que plantea la necesidad de que unos como otros contribuyan, dando pleno cumplimiento a las exigencias planteadas por los derechos económicos, sociales y culturales, a un mejor funcionamiento de la economía que permita disminuir la inequidad existente.

Igualmente importante para el Gobierno, para el Congreso y para los sectores democráticos del país es el reto de buscar y encontrar mayores grados de concertación y apoyo mutuo en la tarea de promover y proteger los derechos humanos. En particular, el Ejecutivo y el Legislativo se hallan ante el desafío de asegurar que toda propuesta normativa en materia de protección del orden público, administración de justicia y funcionamiento de los órganos de control sea respetuosa de los instrumentos adoptados por la comunidad internacional para garantizar un ejercicio democrático del poder y una efectiva puesta en práctica de los derechos y libertades fundamentales de la persona.

Conflicto armado interno

El informe destaca la alta y grave incidencia del conflicto armado sobre la situación de los derechos humanos en el país y los desafíos que este conflicto impone al Estado para responder eficazmente a la crisis humanitaria. Señala asimismo la notable degradación del conflicto armado y la crueldad creciente de los métodos de combate utilizados por los grupos armados ilegales, lo cual ha agravado la vulnerabilidad de la población civil. A este respecto analiza la actuación de los grupos guerrilleros, de los grupos paramilitares y de la fuerza pública. Se destaca la importancia de un proceso de negociación de paz, estructurada con parámetros y criterios adecuados, que plantee perspectivas ciertas de progreso y que incorpore tempranamente compromisos en materia de derechos humanos y de derecho internacional humanitario.

Situación de los derechos humanos

El informe reconoce que factores como la degradación del conflicto armado, el narcotráfico y la crisis económica han incidido en el agravamiento de la situación de los derechos humanos y en la capacidad del Estado para protegerlos y garantizarlos. Las conductas criminales de los grupos armados ilegales hicieron patente su falta de respeto por los derechos fundamentales a la vida, la integridad personal y la libertad individual. Sus reiterados ataques a la infraestructura pública multiplicaron los desafíos del Estado para dar una respuesta efectiva a la crítica situación. También señala que el nuevo Gobierno ha manifestado su propósito de cumplir sus obligaciones internacionales y constitucionales en materia de derechos humanos. Entre los logros estatales en ese campo, el informe destaca: la ratificación de varios instrumentos internacionales; los avances relativos a la coordinación institucional y al sistema único de registro de la población desplazada; la jurisprudencia garantista de la Corte Constitucional; y el interés de varias instituciones públicas por fortalecer la cooperación con la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, como por ejemplo la Vicepresidencia de la República, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría General de la Nación y el Senado de la República.

El informe califica de crítica la situación de los derechos civiles y políticos y señala que a lo largo del año 2002 se ha caracterizado por violaciones graves, masivas y sistemáticas de esos derechos, constituyendo muchas de ellas crímenes contra la humanidad. Se registraron ejecuciones extrajudiciales (masacres y homicidios de carácter individual o selectivo), actos de tortura, tratos crueles, inhumanos o degradantes, acciones que implicaron empleo desproporcionado de la fuerza, desapariciones forzadas, detenciones ilegales o arbitrarias, impedimentos ilegítimos al libre tránsito interno, desplazamientos forzados, injerencias arbitrarias o ilegales en la vida privada y el domicilio, y atentados contra el debido proceso y las garantías judiciales. El informe señala que los autores de esas violaciones fueron servidores públicos comprometidos en graves abusos de poder, en omisión o en abierta connivencia con el paramilitarismo.

El informe da cuenta de un aumento significativo de denuncias de violaciones atribuidas directamente a miembros de la fuerza pública, en comparación con el año 2001. Muchas de estas conductas se realizaron en desarrollo de la política de seguridad del nuevo Gobierno, y en particular en aplicación de las normas adoptadas en el marco del estado de conmoción interior declarado en agosto. Varias de estas conductas se realizaron con el acompañamiento o la autorización de agentes de la Fiscalía General de la Nación.

En el análisis de la situación de los derechos económicos, sociales y culturales en Colombia, el informe da cuenta de problemas como la profunda exclusión económica y social, el alto grado de pobreza y la amplia brecha de inequidad, que se manifiestan en altos niveles de desempleo, cobertura insuficiente en el campo educativo, graves carencias en la prestación de los servicios de salud y seguridad social, y fuerte reducción del número de viviendas subsidiadas por el Estado.

También identifica el informe las dificultades específicas que afectan al reconocimiento y la garantía de los derechos de la mujer y de los derechos del niño y de la niña. A pesar de algunos avances legislativos, destaca en particular la ausencia de una política integral en materia de género, el mantenimiento de formas sexistas de discriminación y marginación y la persistencia de la violencia sexual e intrafamiliar.

Situación del derecho internacional humanitario

El informe da cuenta del sensible aumento de los crímenes de guerra y del alto índice de victimización de los miembros de la población civil en comparación con el año 2001. Varios de esos actos podrían constituir crímenes contra la humanidad. Entre las principales infracciones del derecho internacional humanitario, muchas de ellas recurrentes y masivas, menciona los homicidios, las amenazas de muerte, los ataques a la población civil, los ataques indiscriminados, los actos de terrorismo, los atentados contra la dignidad personal, la toma de rehenes, el desplazamiento forzado, los atentados contra la misión médica, los ataques a bienes civiles y el empleo de minas antipersonales. En esta sección se estudia también la situación de los niños y mujeres víctimas de la contienda armada. El informe señala como responsable de la mayor parte de las conductas infractoras a los miembros de los grupos guerrilleros y paramilitares. Sin embargo, hace notar que durante el período por él cubierto aumentaron las denuncias de infracciones de la preceptiva humanitaria por integrantes de la fuerza pública.

El informe señala la degradación del conflicto armado, a la que ha contribuido poderosamente la utilización de algunos métodos y medios de guerra prohibidos por el derecho internacional humanitario, así como el cambio de estrategia de los grupos armados ilegales. Entre ellos, destaca los ataques a la población civil y el empleo creciente del terror por parte de los grupos armados ilegales y, particularmente, de las FARC-EP.

Áreas de especial preocupación o importancia
El informe analiza varias áreas de especial preocupación o importancia para la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Entre ellas figuran el mantenimiento del Estado de derecho y la adopción y ejecución de la política de seguridad, las medidas de conmoción interior, la actuación de la fuerza pública en las zonas de rehabilitación y consolidación, la situación de la antigua "zona de despeje", el auge y el fortalecimiento de los grupos paramilitares, las falencias de la administración de justicia y sus contradicciones en la lucha contra la impunidad, las insatisfactorias condiciones de la población carcelaria, el desplazamiento forzado, la victimización de los grupos étnicos, la crítica situación de los defensores de los derechos humanos y de otros miembros de grupos vulnerables, y los problemas existentes para el pleno ejercicio de las libertades fundamentales (libertad sindical, libertad de opinión y de expresión, libertad de conciencia y de religión, y derechos políticos).

El informe señala que el Estado aún no cuenta con una política efectiva y coherente en materia de derechos humanos y derecho internacional humanitario. Esta carencia se manifiesta en la debilidad de sus políticas preventivas, lo cual contribuye a agravar la crisis en uno y otro campo. Esto ha incidido en el aumento significativo de personas desplazadas, así como en la mayor vulnerabilidad de los defensores de derechos humanos afectados por intimidaciones, amenazas, ataques y estigmatizaciones aun por parte de servidores públicos.

Entre las materias de especial preocupación, el informe destaca factores y condiciones que tienden a debilitar el Estado de derecho, manifestado en recurrentes problemas o crisis de gobernabilidad y en repetidas fallas en la aplicación del principio del imperio de la ley. La tendencia se ve reflejada en la injerencia en las funciones públicas por parte de integrantes de grupos paramilitares y en la continuidad de nexos entre servidores públicos y miembros de esos grupos. También constituye una influencia perjudicial la adopción prioritaria de ciertas políticas represivas y militares en detrimento de la institucionalidad civil. El informe se refiere a la adopción e implementación de disposiciones incompatibles con las normas internacionales y la Constitución nacional, como varias de las contenidas en el Decreto Nº 2002 sancionado en el marco del estado de excepción. La atribución de funciones de policía judicial a los militares y la restricción arbitraria de derechos y libertades fundamentales estuvieron entre los principales motivos de preocupación en ese campo.

Otra materia de preocupación ha sido la actuación de instituciones que comprometen la independencia y la imparcialidad judicial. Como ejemplo de esto pueden señalarse decisiones adoptadas por la Fiscalía General de la Nación en lo referente al despido y traslado de fiscales, así como la posición del Fiscal General de la Nación ante el ejercicio de funciones de policía judicial por miembros de las fuerzas militares, y el apoyo del Fiscal General a medidas de control del orden público que luego la Corte Constitucional declaró contrarias a la Constitución.

Seguimiento de las recomendaciones internacionales

El informe da seguimiento a las recomendaciones internacionales en materia de protección de los derechos humanos, conflicto armado, Estado de derecho e impunidad, ratificación de instrumentos internacionales, adecuación de la normativa interna a los principios y reglas de carácter internacional, adopción de medidas en pro de los derechos económicos, sociales y culturales, promoción de una cultura de derechos humanos, y asesoría y cooperación técnica. El informe constata que no se han registrado progresos significativos en la aplicación de muchas de esas recomendaciones. No obstante, destaca como positivos la ratificación del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (a pesar de la salvedad sobre los crímenes de guerra), la adopción de la ley que crea el tipo penal de trata de personas, la evaluación de los programas de protección del Ministerio del Interior, la adopción de la ley para dar cumplimiento a la Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción y la creación del Observatorio de Minas Antipersonal, así como la adopción de medidas para ampliar la cobertura territorial del sistema de alerta temprana y fortalecer la participación gubernamental en el mismo.

Actividades de la Oficina en Colombia

El informe dedica una sección para resumir las actividades cumplidas durante 2002, en ejercicio de las funciones de observación, asesoría legal, promoción y difusión, y cooperación técnica señaladas en su mandato, por la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. De este mandato se han beneficiado varias instituciones del Estado, como la Procuraduría General de la Nación, la Defensoría del Pueblo y el Consejo Superior de la Judicatura, entre otras, que han recibido con interés la asesoría y cooperación de la Oficina en el propósito de fortalecer su actuación institucional en derechos humanos. También fueron destinatarias de las actividades de la Oficina las organizaciones de la sociedad civil. La Oficina ha podido iniciar con el nuevo Gobierno, en particular con la Vicepresidencia de la República y la Cancillería, una interlocución frecuente y fluida. En octubre asumió sus funciones el nuevo director de la Oficina.

Recomendaciones

El informe finaliza con una serie de recomendaciones concretas y prioritarias de la Oficina del Alto Comisionado en materia de derechos humanos y derecho internacional humanitario para el año 2003, con la convicción de que su aplicación podría contribuir sensiblemente a mejorar la situación en Colombia. Las recomendaciones cubren materias importantes como la prevención y la protección, el conflicto armado interno, el Estado de derecho y la impunidad, las políticas económicas y sociales, la promoción de una cultura de derechos humanos y el asesoramiento y la cooperación técnica de la Oficina del Alto Comisionado. Los destinatarios de esas recomendaciones son las autoridades nacionales, todas las partes en el conflicto armado interno y los sectores representativos de la sociedad civil.

I. INTRODUCCIÓN

1. La Comisión de Derechos Humanos viene siguiendo con preocupación, desde hace varios años, la situación de los derechos humanos en Colombia. Esto se ha visto reflejado en sucesivas declaraciones por parte de su Presidente. La Comisión solicitó en 1996 a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos que estableciera una oficina en Colombia, teniendo en cuenta la invitación del Gobierno de este país.

2. El 26 de noviembre de 1996 fue establecida en Colombia la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) mediante acuerdo firmado por el Gobierno de ese país y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. En el marco de este acuerdo, la Oficina debe observar la situación de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario con el objeto de asesorar a las autoridades colombianas en la formulación y aplicación de políticas, programas y medidas para la promoción y protección de los derechos humanos, en el contexto de violencia y conflicto armado interno que vive el país. Ello debe permitir al Alto Comisionado presentar informes analíticos a la Comisión. El acuerdo fue prorrogado por iniciativa del Presidente Álvaro Uribe por un período más largo, hasta septiembre de 2006.

3. En el 58º período de sesiones de la Comisión el Presidente reafirmó en su declaración que la Oficina en Colombia "desempeña una función vital en la lucha contra las continuas violaciones de derechos humanos y de derecho internacional humanitario", y solicitó a la Alta Comisionada la presentación de "un informe detallado que contenga un análisis efectuado por su Oficina sobre la situación de derechos humanos en Colombia".

4. El presente informe corresponde al período comprendido entre enero y diciembre de 2002 y se basa en la información recogida por la Oficina en Colombia del Alto Comisionado directamente y a través de sus interlocutores, y analizada por ella. Otorga especial importancia a las recomendaciones que finalizan el informe.


II. CONTEXTO NACIONAL

5. Durante el año 2002 varios factores de orden político, militar, económico y social crearon un contexto nacional complejo y difícil. Al final del año el país se enfrentaba a múltiples problemas, dificultades y retos de gran magnitud en lo referente al mantenimiento de los principios del Estado de derecho, al respeto de los derechos humanos y a la observancia del derecho internacional humanitario. Otro elemento importante para señalar fue el cambio de Gobierno producido el 7 de agosto con la asunción del nuevo presidente Álvaro Uribe.

6. Los procesos de paz que el Gobierno del Presidente Andrés Pastrana había iniciado en 1998, al comienzo de su período, con los dos principales grupos guerrilleros ?las FARC-EP y el ELN? llegaron a conclusiones abruptas durante los primeros meses del año 2002, sin que se hubieran obtenido los resultados positivos que de ellos esperaban muchos segmentos del país.

7. En particular, la forma en que se desarrollaron y terminaron las negociaciones con las FARC-EP implicó una mayor polarización de las ideas y los sentimientos de amplios sectores de la sociedad civil sobre el presente y el futuro del país. Al comienzo del año, cuando las dos partes, gracias a una mayor facilitación de la comunidad internacional y de la Iglesia, acababan de superar una de las peores crisis presentadas a lo largo del proceso y habían fijado un calendario más preciso para negociar sobre temas que concernían directamente a la población civil, el marcado incremento de las acciones violentas de la guerrilla llevó al Gobierno a terminar definitivamente el proceso y a recuperar el control militar de la llamada "zona de distensión". De otro lado, en la parte gubernamental no se dieron, a lo largo de los meses anteriores, acciones claras para enderezar el rumbo de un proceso que ya había perdido apoyo social y credibilidad por su total carencia de resultados tangibles.

8. Tras la ruptura definitiva del proceso de negociaciones entre el Gobierno del Presidente Pastrana y las FARC-EP, el 20 de febrero, poco después del secuestro por esa agrupación de un avión a bordo del cual iba el senador Jorge Gechem Turbay, crecieron aún más la intensidad y la frecuencia de las infracciones del derecho internacional humanitario. Se destaca el caso del secuestro del Gobernador de Antioquia y su asesor de paz y ex Ministro de Defensa, en abril. Tampoco logró el Gobierno del Presidente Pastrana resultados significativos en el proceso de diálogo con el ELN. A lo largo del año este grupo guerrillero también siguió involucrándose en una serie de infracciones graves al derecho internacional humanitario.

9. Al mismo tiempo, el Estado continuó demostrando falta de efectividad para contrarrestar las acciones violentas de los llamados grupos paramilitares, en particular de las AUC, y para atenuar la influencia que ellos ejercen sobre ciertos sectores del aparato estatal y de las élites locales. Durante el año 2002 siguieron presentándose denuncias sobre nexos entre miembros de grupos paramilitares y agentes del Estado.

10. El narcotráfico, en sus varias y complejas dimensiones, continuó siendo uno de los factores negativos vinculados integralmente al conflicto armado. La producción y la comercialización de estupefacientes es germen importante de financiación de los diversos grupos armados ilegales, motor de violencia en las zonas de cultivos, generador de enfrentamiento social entre muchas comunidades, causa mediata e inmediata de un alto número de desplazamientos forzados y elemento importante de corrupción en la vida administrativa.

11. Pese a múltiples amenazas y a no pocas acciones violentas, imputables tanto a los grupos guerrilleros como a los grupos paramilitares, el país pudo llevar a cabo los dos procesos electorales previstos para el año 2002, aunque uno y otro se cumplieron en un clima de tensión y polarización. El 10 de marzo y el 26 de mayo se celebraron sendas elecciones para designar a los nuevos miembros del Congreso y al nuevo Presidente de la República, respectivamente. En ambos procesos se hizo ostensible la debilidad de los partidos políticos, situación que incide negativamente en el funcionamiento cabal del sistema democrático.

12. Durante los dos períodos electorales se hicieron manifiestas las presiones antidemocráticas ejercidas sobre muchos sectores de la ciudadanía por los grupos armados ilegales. Tanto los grupos guerrilleros como los grupos paramilitares lograron, mediante la violencia y el terror, afectar en el ejercicio de los derechos políticos a un número sustancial de colombianos. En alrededor de 110 municipios del país (de un total de 1.100) ni los electores tuvieron plena libertad para ejercer el sufragio ni los candidatos pudieron desarrollar sus campañas en condiciones de total igualdad y seguridad. Ejemplo de esto fue el secuestro de la candidata presidencial Ingrid Betancourt. La participación ciudadana en las dos elecciones fue del 43 y del 46%, respectivamente.

13. En las elecciones legislativas de marzo la mayoría de los escaños del Congreso correspondieron a los seguidores de Álvaro Uribe. En las elecciones presidenciales de mayo se impuso como triunfador el candidato disidente liberal Álvaro Uribe, que obtuvo el 53% de los votos depositados, lo cual hizo innecesaria una segunda vuelta. Durante su campaña electoral, el Sr. Uribe había enfatizado, como un punto central de su programa, lo que él denominó "una política de seguridad democrática" basada, principalmente, en el enfrentamiento de la insurgencia con el aparato militar del Estado. Sin embargo, en su discurso de toma de posesión el nuevo Jefe de Estado se mostró dispuesto, dentro de ciertas condiciones, a buscar el diálogo y la negociación con los grupos rebeldes. En la misma alocución el Sr. Uribe anunció que su Gobierno impulsaría una importante reforma constitucional a través del mecanismo de referendo.

14. Como aspectos fundamentales de "la política de seguridad democrática" se anunciaron el fortalecimiento de las fuerzas armadas, el aumento del pie de fuerza militar y policial, la creación de una red de informantes y cooperantes entre la población civil y un nuevo sistema de reclutamiento de soldados campesinos.

15. Durante las ceremonias de toma de posesión, el 7 de agosto, en acto atribuido a las FARC?EP, se dispararon, sobre el centro de Bogotá, armas explosivas que ocasionaron la muerte a 21 civiles, hirieron a otros 100 y causaron terror en el sector de la ciudad afectado por el ataque. Cuatro días después, invocando el artículo 213 de la Constitución, el nuevo Gobierno expidió el Decreto Nº 1837 de 2002, por el cual se declaró el estado de conmoción interior en todo el territorio nacional. En su Sentencia C-802, aprobada el 2 de octubre, la Corte Constitucional decidió que tal declaratoria se ajustaba a la Ley fundamental.

16. A través del Decreto Nº 2002, expedido el 11 de septiembre, el Gobierno tomó enérgicas medidas para el control del orden público. Dicho decreto definió las nuevas figuras de "zonas de rehabilitación y consolidación", estableció la manera de delimitarlas, fijó los términos de su control operacional y estableció que en sus territorios podrían restringirse los derechos de circulación y residencia, limitarse el tránsito y la permanencia de extranjeros, utilizarse bienes de origen particular e imponer a los ciudadanos la prestación de servicios técnicos y profesionales.

17. En sentencia emitida por la Corte Constitucional el 25 de noviembre fueron declaradas contrarias a la Constitución varias de las disposiciones del Decreto Nº 2002, entre ellas, las que autorizaban a la fuerza pública, incluidos los militares, a practicar capturas, allanamientos e interceptaciones con o sin orden judicial.

18. También dieron lugar a controversias ciertas propuestas legislativas presentadas por el Gobierno al Congreso, como las de las reformas de los regímenes tributario, laboral y de pensiones, que al final del año se convirtieron en leyes (véase capítulo VIII infra).

19. La propuesta de referendo presentada por el Gobierno, en cuyo debate el Congreso trabajó durante más de cuatro meses, quedó plasmada en un conjunto de preguntas que versan sobre temas de muy diversa índole, sobre las cuales los ciudadanos están llamados a votar en 2003.

20. El nuevo Gobierno detectó gradualmente graves dificultades en materia del alto endeudamiento y déficit fiscal. Esta situación trajo consigo no sólo la adopción de enérgicas medidas de austeridad en el gasto público, sino también la reducción de los márgenes de posibilidad de que el Estado cumpla, en forma satisfactoria, sus finalidades sociales en materia de bienestar general y mejoramiento de la calidad de vida de la población.

21. La nueva administración inició algunas gestiones para que, con los buenos oficios del Secretario General, se retomara el contacto con las FARC-EP para tratar temas como el "intercambio humanitario". También mantuvo con el ELN contactos directos cuya realización suscitó, en muchos sectores, la esperanza de que pronto se tradujeran en una cesación del fuego por parte de ese grupo insurgente. Sin embargo, al concluir la redacción de este informe las conversaciones adelantadas en el exterior del país se habían estancado.

22. A fines de año el Congreso adoptó la Ley Nº 782 de 2002, por la cual se faculta al Gobierno para adelantar diálogos y negociaciones y firmar acuerdos con voceros o representantes de grupos armados organizados al margen de la ley, sin que deba previamente hacerlos objeto de reconocimiento político, como se exigía en la legislación anterior.

23. El Presidente de la República solicitó a los obispos católicos que prestaran sus buenos oficios para la búsqueda de un canal de comunicación con las AUC. Como resultado de esta gestión eclesiástica a comienzos de diciembre los principales líderes del paramilitarismo anunciaron la iniciación de un cese de hostilidades y manifestaron su voluntad de adelantar con el Gobierno, bajo el cumplimiento de ciertas condiciones, diálogos y negociaciones que permitirían la suscripción de un acuerdo de paz. A fines de diciembre el Gobierno conformó una comisión exploratoria que tendrá a su cargo estudiar la viabilidad de un proceso de paz con estos grupos. Esa nueva actitud de los paramilitares, recibida con satisfacción por voceros del Estado y por representantes de la sociedad civil, plantea varios interrogantes, entre ellos los relativos al tratamiento jurídico que se daría a los crímenes de guerra perpetrados por miembros de esas organizaciones ilegales, y a la suerte de las propiedades rurales que durante los últimos años se han expropiado por la fuerza en las zonas bajo su control.

24. A finales de año, las encuestas señalaban un amplio apoyo de la ciudadanía para el nuevo Gobierno, pero los analistas hacían notar que algunos hechos, situaciones y tendencias podrían, en un futuro, hacer disminuir esa actitud favorable. Ello podría darse si no hay un cambio de rumbo en la economía, si persisten los indicadores negativos de crecimiento de la pobreza y desempleo, o si no se producen suficientes resultados concretos que impliquen mayor seguridad y protección para la población, incluyendo la prevención de secuestros y actos de sabotaje.


III. CONFLICTO ARMADO INTERNO

25. Es innegable el fuerte impacto del conflicto armado interno, tanto por su envergadura como por la degradación de los métodos de combate, sobre el goce y ejercicio de los derechos y libertades fundamentales de la población y sobre la situación general de derechos humanos. Los desafíos del Estado para dar respuesta efectiva a la crisis humanitaria y de derechos humanos se multiplican sensiblemente por efecto de esa situación. Los costos de la guerra para la sociedad colombiana reflejan el crudo efecto de la misma, y desvían la atención necesaria de otras temáticas fundamentales de los derechos humanos. La utilización alternativa del presupuesto utilizado para el conflicto podría incidir en cambios sustantivos para el país en varios aspectos claves de los derechos civiles, económicos, culturales, sociales y políticos.

26. Se registró una notable degradación del conflicto armado como consecuencia del aumento de la confrontación bélica y de la extensión de la zona de disputa territorial, incluyendo áreas urbanas , que afectó de manera creciente a la población civil. Esta tendencia se agudizó a principios de 2002 durante la crisis de las negociaciones de paz entre el Gobierno y las FARC?EP, y con mayor intensidad después de la terminación de los diálogos de paz y de la zona de distensión cedida para los mismos.

27. Se ha registrado un incremento de enfrentamientos entre grupos armados en relación con el año anterior, con un aumento de muertes de combatientes difícil de determinar, dado que varias de ellas no se consignan en el registro de homicidios y los grupos armados ilegales tratan de llevarse a sus muertos. Según la Vicepresidencia , los municipios con mayores confrontaciones armadas fueron los de la zona del Pacífico, el Urabá antioqueño y chocoano, los de Arauca y Casanare, los del oriente antioqueño y los del sur de Bolívar. Coinciden las altas tasas de homicidios con el desarrollo de combates en varios municipios de esos departamentos, así como en las ciudades de Medellín (Antioquia) y Cúcuta (Norte de Santander).

28. Hechos como el ataque de las FARC-EP a la población civil del municipio de Bojayá (Chocó) en mayo, así como los enfrentamientos entre grupos armados ilegales y la fuerza pública en las comunas de Medellín, con su alto costo en vidas humanas, pusieron de manifiesto la dificultad del Estado para proteger a la población civil y garantizarle el cumplimiento de los principios de distinción y proporcionalidad. El nuevo Gobierno cambió la estrategia de respuesta al conflicto armado mediante una política de seguridad que buscó fortalecer la capacidad militar del Estado y recuperar el control de varias regiones del país, en particular la de la red vial. Parte importante de la estrategia señalada se desarrolló en las zonas de rehabilitación y consolidación . Según el Ministerio de Defensa, la acción militar desplegada después del fin de los diálogos de paz, fortalecida durante el nuevo Gobierno, tuvo como resultado un notable incremento de las capturas (en particular de miembros de las guerrillas) y de las bajas de los miembros de grupos armados al margen de la ley (un 44 y 52% respectivamente).

29. Las FARC-EP, el ELN y los grupos paramilitares se mantuvieron con un elevado grado de concentración de su poderío militar en las áreas periféricas, incluyendo la búsqueda del control de zonas estratégicas por ser corredores directos al mar o para permitir el paso y comercialización de drogas y armas. Por otra parte, la actuación de las FARC-EP en algunos departamentos del país, como por ejemplo en Cauca, fue apoyada por los combatientes del ELN en una alianza estratégica orientada a la confrontación con los grupos paramilitares. Paralelamente, se registró una creciente urbanización del conflicto, tanto por la estrategia de los grupos guerrilleros de llevar la guerra a las ciudades para ejercer una mayor presión sobre el Gobierno y aumentar su propia capacidad de negociación como por la política de los grupos paramilitares, consistente en concentrar sus acciones en los cascos urbanos para controlar las operaciones a las zonas rurales. De otro lado, el aumento del conflicto en las zonas urbanas responde a la estrategia de neutralizar, manipular o patrocinar las bandas de delincuencia común para beneficio de sus propios fines. Cabe señalar que sólo en la Comuna 13 de Medellín la Secretaría de Gobierno de Antioquia registró 442 muertes violentas entre combatientes y civiles entre el 1º de enero y el 9 de octubre de 2002. Esto representa un aumento superior al 100% en relación con 2001.

a) Grupos guerrilleros

30. Como se acaba de señalar, los grupos guerrilleros aumentaron sus incursiones bélicas. En su afán por atacar las estructuras del Estado en todos los niveles, en particular las FARC-EP, adoptaron nuevas estrategias de guerra, replegándose en el campo y evitando exponerse demasiado a la fuerza pública. Entre esas estrategias se destacan las amenazas y los ataques a funcionarios públicos, como alcaldes y personeros, con grave impacto sobre las democracias locales. Sus métodos de combate contra la población civil, incluido el incremento de la toma de rehenes y de actos de terrorismo, así como la intensificación de ataques contra la infraestructura estatal, amenazan la integridad política y económica del país y limitan seriamente la vida de la población. El uso indiscriminado de armamento inadecuado ha resultado en la victimización de la población civil. La nueva estrategia de guerra abierta a toda expresión de presencia estatal ha tenido un fuerte impacto sobre la gobernabilidad y golpeado duramente a la institucionalidad regional. Parecería, a su vez, que los secuestros de las FARC-EP apuntaran no sólo a llenar su botín de guerra sino a mostrar la presencia de ese grupo como reto a la política del Gobierno, ya desafiada por actos de terrorismo.

31. En cuanto al ELN, las dificultades que la organización ha encontrado, principalmente por intensos ataques del Ejército y de los grupos paramilitares, han influido sobre su capacidad ofensiva probablemente más que la estrategia conciliadora de algunos de sus líderes, partidarios de mantener un perfil bajo. Sin embargo, este grupo ha mantenido su capacidad de desestabilización, particularmente en lo que respecta a la destrucción de la infraestructura económica y a la toma de rehenes.

b) Grupos paramilitares

32. Los grupos paramilitares han continuado su proceso de expansión a nuevas regiones y de consolidación en muchas de las zonas que dominaban, al mismo tiempo que afrontaron divisiones internas y realizaron reiterados intentos por mejorar su imagen pública, lograr mayor legitimidad política y ser considerados como un actor independiente ante un eventual proceso de paz. Tomando en cuenta que el nuevo Gobierno parecía dispuesto a negociar con todos los grupos armados ilegales, los grupos paramilitares desarrollaron estrategias que incluyeron propuestas de acuerdos y de negociación. Algunos factores de presión externa sobre sus líderes, como las solicitudes de extradición cursadas por las autoridades estadounidenses, han incidido también en esa dinámica.

33. En esa búsqueda de legitimidad y de reducción del impacto de sus prácticas, como las masacres, los grupos paramilitares prefirieron los homicidios selectivos y las amenazas de muerte, y enviaron a sus filas instrucciones precisas al respecto. Los grupos paramilitares extendieron su actuación a nuevas regiones de Arauca, la antigua "zona de distensión", Guaviare, Cundinamarca, Valle del Cauca, Sucre y Putumayo, entre otros. Simultáneamente, se consolidaron tanto en el ámbito rural como urbano de las zonas en las que ya tenían presencia. Esta operación excede los aspectos puramente militares e incluye la extorsión y un mayor control de la población civil y el control de las rutas de acceso, las instituciones estatales, los negocios ilícitos (cultivos de coca, contrabando de gasolina) e incluso la actividad agrícola, ganadera y comercial. De esta manera el paramilitarismo ha penetrado en todo el tejido social a través del dominio de sus facetas públicas y privadas.

34. La actuación paramilitar continuó aprovechando la omisión, la tolerancia o la complicidad de servidores públicos en varias regiones del país. En muchas de esas zonas los grupos paramilitares han reemplazado al Estado en importantes ámbitos, incluyendo el del uso de la fuerza armada.

c) Fuerza pública

35. La degradación del conflicto armado, junto al incremento de los enfrentamientos y a la redistribución de las fuerzas y de la presencia de los diferentes actores armados ilegales, ha obligado a la fuerza pública a la redefinición de sus estrategias y políticas de respuesta al conflicto. Tras la ruptura de los diálogos de paz, y sobre todo durante el segundo semestre del año, se notó un aumento de la ofensiva de la fuerza pública contra la guerrilla, causándole pérdidas importantes. Los batallones móviles del Ejército pasaron del control y cuidado a la confrontación directa. En numerosas ocasiones el Ejército entró en enfrentamientos con las FARC-EP y el ELN, reportándose fuertes combates en varios departamentos, en particular en el Oriente y Urabá antioqueños, Arauca, Casanare y Nariño . Estas nuevas ofensivas del Ejército han sido también acompañadas por un aumento del pie de fuerza para proteger la infraestructura pública. Sin embargo, en otros departamentos, como por ejemplo en Chocó, en Cauca o en Caquetá, la actuación del Ejército se caracterizó por su acción limitada en la prevención y tardía en la reacción. También se señaló que en algunas actuaciones los miembros de la fuerza pública no estaban debidamente identificados.

36. De acuerdo con el Ministerio de Defensa, los resultados operacionales de la fuerza pública entre enero y octubre se caracterizaron por un incremento notable de las capturas y de las bajas de la subversión. Sin embargo, los grupos paramilitares constituyeron el 26 y el 11% del total de las capturas y bajas, respectivamente, obtenidas por la fuerza pública. No obstante, es importante señalar la dificultad para evaluar adecuadamente estas estadísticas, ya que se desconoce el número que corresponde efectivamente a miembros de grupos armados ilegales y a personas de la población civil que tras su captura son liberadas.

37. En las regiones donde el Ejército mostró su nueva ofensiva, arriba mencionada, se denunció que, en ocasiones, la población civil fue víctima de una ausencia de distinción entre combatientes y civiles. El ataque a las supuestas "redes de apoyo" de civiles a la guerrilla, que ha sido una de las finalidades anunciadas dentro de las medidas adoptadas bajo el estado de conmoción interior y parte integrante de la estrategia contrainsurgente, constituye un factor importante en ese sentido. La estrategia del Ejército de tratar de cortar el abastecimiento de la guerrilla, sin consecuentemente garantizar el principio de distinción, ha afectado, en varios casos, a la población civil mediante bloqueos al transporte de alimentos, de gasolina y de otros artículos de primera necesidad. Tal fue el caso en la Sierra Nevada de Santa Marta y en Chalán (Sucre). Por otra parte, las debilidades de la inteligencia militar pueden explicar las limitaciones en materia preventiva y de protección de la población civil, la inobservancia del principio de distinción, y la adopción de cuestionados mecanismos de lucha contra la violencia, como la red de informantes y los allanamientos masivos.

38. Cabe señalar que, en varias oportunidades, se registraron incursiones y el posicionamiento de grupos paramilitares en regiones del país donde previamente se habían desarrollado acciones contrainsurgentes de la fuerza pública. Así ocurrió, por ejemplo, en los municipios de Mesetas, Vistahermosa y San Vicente del Caguán (antigua zona de distensión), en la provincia de Ocaña (Norte de Santander), en Curillo (Caquetá), en Cravo Norte, Puerto Rondón y Tame (Arauca) y en Medellín.

d) Importancia de un proceso de negociación de paz

39. Las dificultades para avanzar hacia la concreción de la paz pueden explicarse, en parte, por la existencia de una visión unidimensional en cuanto a las soluciones. La ausencia de una concepción integral, sobre todo por considerar la vía militar como la principal o única respuesta, constituye una limitación fundamental. Es importante recordar que la terminación del conflicto armado permitiría una notable disminución de las violaciones de derechos humanos y la desaparición de las infracciones al derecho internacional humanitario. Las negociaciones de paz, al incorporar temas fundamentales de derechos humanos, podrían ayudar a mejorar la situación en esa materia. Los buenos oficios del Secretario General a través de su Asesor Especial, podrían contribuir positivamente para establecer negociaciones de paz entre el Gobierno, por un lado, y las FARC-EP y el ELN, por el otro.

40. Debe destacarse la importancia de que un proceso de negociación se enmarque en parámetros y criterios apropiados, que permitan evitar los riesgos de una negociación infructuosa con la cual se desgasten las expectativas de la población y se recrudezcan las respuestas estatales represivas. Debe tenerse presente la conveniencia de una negociación adecuadamente estructurada y de contenido, que incluya tempranamente compromisos de derechos humanos y de derecho internacional humanitario. Asimismo, la consideración de la eventual reinserción de los alzados en armas y del tema de la reconciliación, de manera compatible con la lucha contra la impunidad y el respeto de los derechos a la verdad, la justicia y la reparación, pueden constituirse en garantías claves para una paz sostenible.


IV. SITUACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS

41. Antes de analizar la situación de derechos humanos es conveniente señalar el marco conceptual que rige esta materia. Las acciones y omisiones contra derechos consagrados en instrumentos internacionales de derechos humanos y de derecho penal internacional o en normas del derecho internacional general, constituyen violaciones de éstos cuando tienen por autores a servidores públicos o se realizan con la aquiescencia de las autoridades. La responsabilidad por esas violaciones será por omisión cuando se incumpla el deber de garantía, en la medida en que este incumplimiento no sea deliberado y que no haya participación de agentes estatales en la preparación, cobertura o encubrimiento. La responsabilidad será por acción cuando agentes estatales se vean involucrados en la preparación de los hechos, la participación en los mismos, o en el encubrimiento o protección de sus autores.

42. La situación de los derechos humanos continuó siendo crítica. Entre los derechos más afectados estuvieron el derecho a la vida, la integridad, la libertad y el debido proceso. Se registraron graves violaciones que implicaron ejecuciones extrajudiciales, actos de tortura, tratos crueles, inhumanos o degradantes, empleo innecesario o desproporcionado de la fuerza, desapariciones forzadas, detenciones ilegales o arbitrarias, impedimentos ilegítimos al libre tránsito interno, desplazamientos forzados, injerencias arbitrarias o ilegales en la vida privada y el domicilio, y atentados contra las garantías judiciales. Muchas de esas violaciones, por su carácter grave, masivo o sistemático, constituyen crímenes de lesa humanidad.

43. El conflicto armado siguió teniendo un fuerte impacto sobre la situación de derechos humanos. Los ataques de los grupos armados ilegales, en especial de las FARC-EP y del ELN, contra infraestructuras estatales mermaron la capacidad de garantía y protección del Estado. El nuevo Gobierno ha señalado que "el conflicto armado interno, su intensificación y degradación, la debilidad territorial y en justicia del Estado y la ausencia de una cultura de los derechos humanos son los factores fundamentales que han impedido la garantía de esos derechos". Al mismo tiempo, ha reconocido debilidades en la respuesta estatal a la crisis, indicando obstáculos tales como "la escasa coordinación institucional, la dispersión de acciones y la escasa descentralización de la política de derechos humanos" . La crisis se enmarca igualmente en la ausencia de políticas efectivas e integrales en esta materia. El nuevo Gobierno ha manifestado su propósito de cumplir sus obligaciones internacionales y constitucionales en materia de derechos humanos.

44. En el marco de la crisis referida, se registró un aumento de las denuncias de violaciones de derechos civiles y políticos, incluyendo del derecho a la vida, atribuidas directamente a la fuerza pública, principalmente en la ejecución de políticas de seguridad y medidas de excepción. Varias de esas denuncias de violaciones fueron atribuidas directamente a servidores públicos. En otros casos se comprometió la responsabilidad estatal por omisión, tolerancia, apoyo o complicidad de servidores públicos con grupos paramilitares. Los defensores de derechos humanos, los líderes sindicales, los miembros de comunidades indígenas y afrocolombianas, así como los campesinos constituyeron las principales víctimas.

45. Entre las violaciones al derecho a la vida se registraron ejecuciones extrajudiciales, tanto de carácter individual como colectivo, y amenazas de muerte. El número de víctimas de esas ejecuciones ha registrado una leve disminución en relación con el año anterior. Sin embargo, se debe destacar que la tasa nacional de homicidios ha continuado su curva ascendente. Según la Vicepresidencia, es difícil determinar cuántos de los 23.354 homicidios perpetrados entre enero y octubre representaban violaciones de derechos humanos o crímenes de guerra y cuántos eran crímenes comunes, ya que las estadísticas oficiales son deficientes y muchos de esos hechos quedan en la impunidad. Es importante señalar que la práctica de masacres continúa, aunque los autores de ejecuciones parecen preferir ahora las de carácter individual o selectivo. Las denuncias de esas violaciones incluyeron ejecuciones y masacres atribuidas directamente a la fuerza pública. Se denunció la responsabilidad por omisión o complicidad del Estado en relación con ejecuciones y masacres atribuidas a grupos paramilitares.

46. En algunos casos, los operativos desarrollados en el marco de las políticas de seguridad, como allanamientos y capturas, tuvieron como consecuencia la muerte de civiles. En otros, afectaron a la libertad individual y la seguridad personal, mediante privaciones arbitrarias de la libertad y desapariciones forzadas, así como los derechos a la vida privada y a la inviolabilidad del domicilio. Entre esos casos puede mencionarse el operativo Orión efectuado en octubre en Medellín y otros que afectaron a organizaciones sociales, de derechos humanos o de paz.

47. Además de estos casos, otras acciones atribuidas a servidores públicos pusieron en particular riesgo la vida de defensores de derechos humanos y sindicalistas. En otras, se atribuyeron a miembros de la fuerza pública amenazas directas a la población civil, ya estigmatizando a personas como simpatizantes o colaboradoras de la guerrilla, ya intimando a la población con el anuncio de la llegada de grupos paramilitares.

48. El derecho a la integridad personal se vio afectado por actos de empleo innecesario o desproporcionado de la fuerza y de tratos crueles inhumanos o degradantes y de tortura, en particular en el contexto de motines carcelarios, paros cívicos, redadas y allanamientos.

49. Se registraron violaciones al debido proceso, en especial los principios de legalidad, de presunción de inocencia, y otras garantías judiciales, en el marco del Decreto Nº 2002 que facultó a los miembros de la fuerza pública, incluyendo a militares, para allanar y capturar sin orden judicial o con autorización judicial escrita o verbal. Se registraron violaciones a la defensa técnica y al derecho a ser oído por un tribunal competente, independiente e imparcial, y persistieron dificultades de acceso a la justicia.

50. En cuanto a los derechos económicos, sociales y culturales, continuó la preocupación por la profunda exclusión económica y social, el alto grado de pobreza, y la amplia brecha de inequidad. El derecho al trabajo se vio afectado por los altos niveles de desempleo, subempleo y trabajo informal, y por la precaria cobertura del régimen pensional. Persistieron los problemas de cobertura para garantizar la universalidad de la educación y la reducción del analfabetismo, a pesar de los esfuerzos adelantados en los últimos años en materia educativa. Asimismo, el derecho a la salud registró un incremento de la cobertura, pero continúan profundas diferencias entre las zonas urbanas y rurales. Se registró un progreso en cuanto al número de viviendas de interés social construidas por el Estado, pero con una drástica reducción de las viviendas subsidiadas. Los desplazados, los niños, las mujeres y las minorías étnicas forman parte de los grupos más vulnerables en estas materias.

51. La situación de los derechos de la mujer, a pesar de algunos avances legislativos, siguió afectada por la discriminación, la inequidad, la exclusión, la violencia intrafamiliar y sexual, y la trata de personas. Las mujeres representan el 52% de la población colombiana . El Estado colombiano cuenta con varias herramientas legales para garantizar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, erradicar la violencia contra la mujer, eliminar las condiciones que generan discriminación y obtener una adecuada y efectiva participación de las mujeres en los niveles decisorios . En este sentido, el Alto Comisionado valora el proyecto de ley sobre igualdad de oportunidades en curso en el Congreso. No obstante, la participación de la mujer en las instancias públicas siguió siendo minoritaria. En los altos tribunales y en el Congreso las mujeres tienen poca representación . Sin embargo debe destacarse que 6 de los 13 Ministerios están ocupados por mujeres, entre ellos los de Relaciones Exteriores y de la Defensa Nacional, este último con representación femenina por primera vez.

52. El conflicto armado siguió afectando a las mujeres y poniendo en evidencia la especial vulnerabilidad de la mujer desplazada, así como la necesidad de programas estatales específicos para atender adecuadamente esta problemática.

53. Llama la atención la ausencia de políticas integrales en materia de derechos de la mujer. Esta situación implica una carencia de autonomía presupuestaria, administrativa y técnica que dificulta la puesta en marcha de programas y proyectos destinados a mejorar las condiciones de las mujeres y a promover el efectivo goce de sus derechos. Por otra parte, la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos no observó una respuesta eficaz del Estado para investigar y sancionar las violaciones de los derechos de las mujeres .

54. Los derechos de los niños siguieron afectados por la violencia intrafamiliar, el abuso sexual, el trabajo infantil, la discriminación y el limitado acceso a los derechos económicos, sociales y culturales.


V. SITUACIÓN DEL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO

55. Previo al análisis de la situación es importante establecer el marco conceptual en materia de derecho internacional humanitario. En el conflicto armado colombiano, las infracciones al derecho internacional humanitario son acciones u omisiones contrarias al artículo 3 común a los Convenios de Ginebra de 12 de agosto de 1949, a su Protocolo adicional II, al derecho penal internacional, y al derecho consuetudinario, cuya autoría corresponde esencialmente a quienes participan directamente en las hostilidades. En Colombia el derecho internacional humanitario se aplica por igual al Estado, a las guerrillas y a los paramilitares.

56. La degradación del conflicto armado trajo como consecuencia un sensible aumento de las infracciones al derecho internacional humanitario y una mayor victimización de los civiles. Entre esas infracciones se registraron masacres, ataques a la población civil y ataques indiscriminados, actos de terrorismo, tomas de rehenes y desplazamientos forzados. Muchas de esas infracciones, cometidas como parte de un plan o política, o como parte de la comisión en gran escala, constituyen crímenes de guerra. Varias de esas infracciones podrían constituir crímenes contra la humanidad. Es importante destacar que persistieron los atentados contra los niños y las mujeres por parte de los grupos armados ilegales. En cuanto a los niños, cabe citar particularmente su reclutamiento y participación en las hostilidades, y en relación con las mujeres, principalmente el abuso y la esclavitud sexual.

57. Si bien se estima que ha existido una disminución de las masacres, el índice de muertes violentas siguió su tendencia ascendente. En este marco, es de señalar el aumento de incursiones por parte de las FARC-EP, incluyendo actos de terrorismo, amenazas de muerte, homicidios selectivos y de "limpieza social", así como ataques indiscriminados. Entre estos últimos, el más grave provocó la muerte de 119 civiles, el 2 de mayo de 2002 en Bojayá, cuando una de las bombas de cilindros de gas, lanzada por las FARC-EP en el marco de un enfrentamiento con paramilitares, hizo impacto en la iglesia donde se había refugiado parte de la población . Varias de las conductas antes mencionadas fueron atribuidas también al ELN. Se registró igualmente un incremento de ataques a las misiones médicas, tomas de rehenes y reclutamiento de menores por parte de los grupos armados ilegales. Los grupos paramilitares continuaron con sus prácticas de masacres, aunque su actuación más común se relacionó con los homicidios selectivos y de "limpieza social". Los grupos armados ilegales, en particular las FARC-EP, han incorporado nuevas estrategias de presión, que incluyen amenazas y ataques a funcionarios públicos, tales como alcaldes y personeros, con grave impacto sobre las democracias locales.

58. Por otra parte, aumentaron las denuncias de infracciones al derecho internacional humanitario por parte de la fuerza pública, en particular en relación con los principios de distinción, de limitación y de proporcionalidad. El Estado ha incorporado la práctica de bloqueos, usualmente utilizada por todos los grupos armados, a sus políticas orientadas al objetivo de atacar los apoyos o el supuesto abastecimiento de la población civil a grupos armados ilegales. Ejemplos de ello fueron los bloqueos en Urrau (sudeste de Antioquia) y Bahía Solano (Chocó), en septiembre y octubre, y en el río Atrato. De hecho, este enfoque de la problemática figura en la motivación del Decreto Nº 2002, donde se indica que los grupos criminales se mimetizan en la población civil. Por otra parte, se pusieron en evidencia las debilidades del Estado para prevenir los ataques de los grupos armados ilegales y responder a ellos adecuadamente. Como lo reconoce el propio Gobierno, la operatividad de sus mecanismos preventivos ha sido limitada .


VI. ÁREAS DE ESPECIAL PREOCUPACIÓN O IMPORTANCIA

1. Estado de derecho y política de seguridad

59. La crítica situación de derechos humanos y humanitaria, así como la degradación de la confrontación armada, acentuaron aspectos problemáticos de gobernabilidad y de imperio de la ley. Estos problemas se deben igualmente a la acción indiscriminada de los grupos armados ilegales y a la ausencia del Estado en varias regiones del país. En este marco, el paramilitarismo siguió con su estrategia de usurpar funciones propias del Estado, aprovechando la tolerancia o pasividad de autoridades y de algunos sectores de la sociedad. La expansión del paramilitarismo y su consolidación en varias zonas bajo su control le han permitido ir penetrando las estructuras estatales como parte de su estrategia y, en varias regiones, constituirse en una especie de Estado paralelo, con el grave riesgo que ello supone para la vigencia del Estado de derecho. La imposición de códigos de conducta para el conjunto de la población es quizás la evidencia pública más notoria de la asunción de facto de funciones estatales, pero no la única. La Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas recibió denuncias sobre decisiones municipales o departamentales que debían ser avaladas por los jefes paramilitares, y sobre presiones de éstos para exigir la elección de algunos beneficiarios de fondos, indicar dónde y cómo invertirlos, o imponer la canalización de recursos públicos a través de la creación de organizaciones controladas por sus grupos.

60. Las debilidades del Estado de derecho se reflejaron, igualmente, en las dificultades relativas a la división de poderes y a la independencia de los mismos en el desarrollo de sus funciones propias, destacándose principalmente los poderes judicial y legislativo como los más afectados en esta materia. A su vez, algunas políticas gubernamentales, en particular aquellas que se orientaron al fortalecimiento de las respuestas represivas en detrimento del fortalecimiento de las instituciones civiles, constituyen factores de riesgo. En este sentido, la Ley de seguridad y de defensa nacional adoptada durante el anterior Gobierno, fue declarada por la Corte Constitucional incompatible con la Constitución y con el Estado de derecho.

61. El nuevo Gobierno encarnó el mandato de recuperación de la autoridad estatal en varias zonas del país. En el marco de su política de "seguridad democrática" se declaró el estado de conmoción interior (estado de excepción), bajo el cual se adoptaron disposiciones restrictivas de derechos y libertades fundamentales. El Alto Comisionado reconoció las legítimas facultades del Estado para adoptar medidas y políticas en materia de seguridad y de orden público de manera compatible con los compromisos internacionales. No obstante, estos programas de acción en el campo militar y de seguridad, si no son complementados con políticas integrales, conllevan el riesgo de un debilitamiento de las instituciones civiles y de la desaparición de instituciones importantes en materia de protección y promoción de los derechos humanos, el recorte de sus funciones o el debilitamiento de sus mandatos. A esto se suma el riesgo de que esas políticas contribuyan a la estigmatización de la población civil, particularmente de grupos como los de defensores de derechos humanos, y atenten contra el principio de no involucrar a los civiles en el conflicto .

62. El impacto de la crisis humanitaria sobre la población hizo que una parte de ésta fuera indulgente con la aplicación de medidas restrictivas de sus derechos y libertades fundamentales, así como con la actuación de los paramilitares y con los nexos de funcionarios públicos con estos grupos. La debilidad de las instituciones del Estado ha limitado su capacidad de ejercer un control eficaz y de hacer un seguimiento exhaustivo a la implementación de las políticas de seguridad. Las debilidades de la administración de justicia y la problemática de la impunidad disminuyen, a su vez, las perspectivas de una aplicación eficaz de las garantías judiciales y de una actuación independiente e imparcial de la justicia, como pilar democrático.

a) Estado de conmoción interior

63. La Oficina prestó su asesoramiento, en el marco de su mandato, sobre la compatibilidad con los compromisos internacionales de las normas y medidas previstas en el marco del estado de conmoción interior. En este sentido, se pronunció sobre algunas disposiciones del Decreto Nº 2002 de 2002, el cual creó las zonas de rehabilitación y consolidación (o zonas especiales de orden público). También estableció restricciones a los derechos de circulación y residencia, al respeto a la vida privada y al domicilio, a la libertad individual y al debido proceso, de manera incompatible con los principios internacionales. La Corte Constitucional declaró posteriormente, el 26 de noviembre, la inconstitucionalidad de varias de sus disposiciones, como se señala en los capítulos III y VIII de este informe.

64. En el marco de esas disposiciones, las autoridades desarrollaron en los últimos meses del año una política de allanamientos a gran escala y capturas masivas. La Oficina recibió varias denuncias de abusos de la fuerza pública y de procedimientos incompatibles con los principios internacionales, en particular el de la protección contra las privaciones arbitrarias de la libertad y los de legalidad y de inocencia. Las denuncias también cuestionaron la actuación de los órganos judiciales y de control, y en particular de la Fiscalía, atribuyéndoles falta de independencia, irrespeto de las exigencias procesales para autorizar las privaciones de libertad, y la utilización de encapuchados en las diligencias relacionadas con allanamientos y capturas.

65. Considerando el corto período de implementación del estado de excepción es prematuro presentar conclusiones contundentes. No obstante, el Alto Comisionado debe destacar la preocupación por el uso abusivo o indiscriminado de la fuerza y por las violaciones al debido proceso y a otros derechos fundamentales que conlleva la aplicación de medidas no fundamentadas en el principio de legalidad y marginadas del control independiente, previo y posterior, de los órganos judiciales y del Ministerio Público. Las principales preocupaciones en la materia se concentran en la necesidad de contar con garantías adecuadas para asegurar un control estatal efectivo e independiente. Asimismo, es necesario examinar con precaución y responsabilidad los riesgos de que la población civil termine siendo desmesuradamente afectada y se incremente su vulnerabilidad, en particular en el caso de grupos como los defensores de derechos humanos, los líderes sociales y los desplazados.

66. Cabe destacar la Directiva Nº 011 del Procurador General de la Nación, de 12 de septiembre, mediante la cual impartió instrucciones, tanto a sus agentes como a las autoridades de la fuerza pública, para que le informaran sobre el respeto de las normas nacionales e internacionales de derechos humanos en relación con la aplicación del Decreto Nº 2002, y los instruyó para que reportaran inmediatamente las capturas, inspecciones y registros sin orden judicial.

b) Zonas de rehabilitación y consolidación

67. La actuación de la fuerza pública en estas zonas, creadas por el Decreto Nº 2002, no contó con el suficiente y efectivo control de los órganos judiciales y del Ministerio Público, concentrados principalmente en las cabeceras y en algunos municipios. A pesar de la designación de fiscales y procuradores delegados para acompañar los operativos castrenses en aplicación del decreto, la intervención de estos servidores públicos se produjo solamente en algunos casos.

68. En muchos de los operativos, la fuerza pública recurrió a las facultades a ella atribuidas por el decreto (y posteriormente declaradas inconstitucionales por la Corte Constitucional) de practicar capturas, allanamientos y registros sin mandamiento judicial, con un alto número de personas retenidas, de las cuales sólo una minoría fue puesta a disposición judicial. En varios casos, la utilización de informantes encapuchados estigmatizó a las personas señaladas. Las retenciones de unas 2.000 personas, practicadas en Saravena (Arauca), entre el 12 y el 13 de noviembre, determinaron la judicialización de 49 de ellas, de las cuales casi 20 son miembros de organizaciones sociales o sindicales. Además de esto, en Saravena, por lo menos cinco familiares de informantes han sido matados por grupos guerrilleros. Por otra parte, se denunciaron abusos graves por parte del Ejército, incluyendo ejecuciones, en particular en Arauquita, donde esos problemas ya se habían registrado con anterioridad a la creación de la zona.

69. Paralelamente al aumento de los operativos contrainsurgentes llevados a cabo por la fuerza pública en las zonas de rehabilitación, que abarcan áreas tradicionalmente controladas por las guerrillas, se registró el ingreso de grupos paramilitares en algunos lugares, como en la ciudad de Sincelejo y en otros municipios de Sucre, principalmente en Chalán y en Ovejas. En otros lugares, como en Arauca, los operativos no impidieron la permanencia de esos grupos.

c) Situación en la antigua zona de distensión

70. La recuperación del control estatal luego de finalizada la zona de distensión se ha caracterizado por una presencia institucional limitada. Esta se ha concentrado principalmente en la fuerza pública, que ha hecho presencia en las zonas urbanas y, esporádicamente, en las áreas rurales, y en algunos casos ha constituido la única autoridad estatal. La presencia institucional municipal, preexistente, se debilitó por la situación de inseguridad y, en algunos casos, alcaldes y personeros han debido retirarse de sus municipios. No se restableció una presencia permanente de las autoridades judiciales y de control, y la Defensoría del Pueblo, que se mantuvo con apoyo internacional hasta finales de noviembre, no pudo permanecer en la zona después de esa fecha.

71. Las FARC-EP aumentaron la presión y las acciones violentas contra la población civil de la zona, principalmente en el área rural, registrándose homicidios selectivos, limitaciones a la circulación y reclutamiento forzoso, así como actos terroristas en zonas urbanas.

72. Desde finales de septiembre se registró la presencia de grupos paramilitares, principalmente en los cascos urbanos de Mesetas, San Vicente del Caguán y Vistahermosa, con serias denuncias de connivencia con miembros de la fuerza pública.

73. Así pues, la población civil continuó padeciendo de una profunda vulnerabilidad frente a la actuación de los grupos armados ilegales, a la que se agrega la situación de estigmatización por parte del Ejército, y la escasa presencia y actuación institucional, en particular de las autoridades civiles. Especialmente crítica fue la situación para los antiguos policías cívicos.

d) Paramilitarismo

74. El paramilitarismo siguió siendo un factor desestabilizador del Estado de derecho, en particular por los vínculos que con él mantienen servidores públicos y por la inconsistente respuesta estatal a este fenómeno. El contraste entre el discurso de las autoridades gubernamentales de combate al paramilitarismo con lo observado por la Oficina, en el marco de su mandato, evidencia la ambigüedad del compromiso estatal. Operativos puntuales, como el realizado en Segovia (Antioquia), el 9 de agosto (a raíz del cual se investigan los nexos entre miembros de la Brigada XIV y los paramilitares), o detenciones esporádicas de supuestos paramilitares tienen un cuestionable alcance en el combate contra el paramilitarismo. El control paramilitar es más fuerte en los cascos urbanos, donde es mayor la presencia de la fuerza pública y de las autoridades, lo que no deja de ser un elemento significativo en las denuncias de connivencia de servidores públicos con el paramilitarismo. Son motivos de preocupación las declaraciones de autoridades civiles y militares negando la existencia en sus regiones de grupos paramilitares, cuando ésta era de conocimiento público. Ejemplos de estas situaciones se registraron en Cravo Norte y Tame y en Vigía del Fuerte (Antioquia).

75. Numerosas conductas de omisión frente a las reiteradas denuncias y al conocimiento público de bases, retenes y operativos paramilitares permanentes, explican parte de esas preocupaciones. La Oficina ha recibido testimonios sobre el anuncio realizado por las propias fuerzas militares de la llegada próxima de grupos paramilitares, e incluso casos donde los pobladores reconocieron a miembros de las fuerzas militares formando parte de los contingentes paramilitares. Esas coordinaciones también se evidenciaron en incursiones paramilitares ocurridas inmediatamente antes o después de fuertes operativos militares, como en Arauca, la antigua "zona de distensión", Valle del Cauca, Guaviare y el Catatumbo. El hecho de que en ocasiones los soldados no porten ningún tipo de identificación que permita distinguirlos de otros grupos armados es igualmente cuestionable. Ejemplo de denuncias por omisión son las relacionadas con los hechos de Bojayá, precedidos del paso de embarcaciones paramilitares provenientes de Turbo por el río Atrato, en el cual debían pasar varios puestos de control de la fuerza pública. En algunas ocasiones se denunció no solo la tolerancia o la omisión de la fuerza pública en relación con las actuaciones paramilitares, sino también la complicidad o actuación directa en algunas de éstas, como en la masacre en El Limón (Guajira), del 31 de agosto, el robo de alimentos del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en julio, en el Cesar (atribuido a paramilitares y recuperado por el Ejército señalando que lo había incautado a la guerrilla) y las reuniones entre algunos comandantes e integrantes de las AUC y de las fuerzas militares, entre el 9 y 10 de mayo, en Vigía del Fuerte.

76. Pocas de las medidas excepcionales y de seguridad del Estado se han orientado hacia un combate directo de los grupos paramilitares. La presencia de una base paramilitar en el municipio de El Guamo, en los Montes de María, por ejemplo, denunciada desde el año 2000 por la Oficina, y que está dentro de la actual zona de rehabilitación y consolidación, no ha sido objeto de operativos e incluso los paramilitares han consolidado su presencia en los municipios cercanos. Lo mismo ha sucedido en otras regiones del país, como en el caso de Medellín después de la operación Orión de octubre, donde fuerzas paramilitares se han asentado en varias partes de la Comuna 13 cometiendo abusos contra la población civil y graves violaciones.

77. El hecho de que la amplia mayoría de esos casos permanezca en la impunidad, sin el establecimiento de la responsabilidad penal de servidores públicos por su vinculación con grupos y acciones paramilitares, es una de las facetas más cuestionables del compromiso de lucha contra dichos nexos. Adicionalmente, el traslado de varios de esos casos a la justicia penal militar, como se señala en el siguiente apartado, atenta contra la independencia de dichas investigaciones y limita su eficacia. Estos factores debilitan el proceso de mantenimiento y construcción de una institucionalidad democrática y respetuosa del Estado de derecho, y fortalecen la percepción de tolerancia, y hasta aceptación, que el fenómeno paramilitar tiene entre sectores de la población.

2. Administración de justicia e impunidad

78. Durante 2002 han persistido las preocupaciones en materia de independencia y de autonomía judicial, estrechamente vinculadas al estado de derecho y a la democracia. La ausencia de una carrera judicial en la Fiscalía General de la Nación compromete particularmente las condiciones para hacer efectiva esa independencia La Oficina recibió denuncias de casos de fiscales separados de sus cargos por decisión no motivada del Fiscal General de la Nación, entre ellos varios pertenecientes a la Unidad de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario . El hecho de que varios fiscales de esa Unidad hayan sido removidos o trasladados parece haber debilitado su experiencia acumulada y la efectividad de las investigaciones, y cuestionado el compromiso institucional en la lucha contra la impunidad de violaciones de derechos humanos. Con ello se debilita, además, la eficacia de la cooperación técnica realizada por la Oficina y por la comunidad internacional.

79. Por otra parte, la Fiscalía, como órgano clave en materia de control judicial independiente, ha apoyado el traslado de funciones de policía judicial a las fuerzas de seguridad (incluyendo a los militares). El Fiscal General se manifestó en ese sentido en conceptos emitidos sobre la Ley de seguridad nacional, declarada inconstitucional, y sobre el mencionado Decreto Nº 2002. La misma posición se ha percibido en el desarrollo de sus funciones de control de las garantías constitucionales en el marco de las medidas de excepción. Cabe agregar, en este punto, que en el proyecto de reforma constitucional de la Fiscalía se agregó una disposición que otorgaba funciones de policía judicial a las fuerzas militares. Finalmente esta disposición no fue aprobada, pero el Gobierno reiteró su propósito de replantearla en la próxima legislatura.

80. La administración de justicia se ha visto confrontada a grandes desafíos frente a las disposiciones de excepción, en particular en cuanto a los principios de presunción de inocencia y de legalidad, así como al derecho de defensa y al debido proceso, en el marco de capturas, allanamientos y registros con o sin orden judicial. Se recibieron denuncias de capturas basadas en señalamientos anónimos o en meras sospechas, poniendo en cuestionamiento la obligación de contar con indicios objetivos de vinculación a un hecho delictivo para justificar esas restricciones a la libertad. Las limitaciones presupuestarias que aquejan a la defensa pública, entre otras, han afectado al derecho a la defensa de las personas. Preocupa al Alto Comisionado el impacto que la ausencia de este servicio pueda tener sobre las garantías judiciales de las personas afectadas por las medidas ordinarias o excepcionales, y que esta situación debilite los controles judiciales de las mismas.

81. El Gobierno presentó en octubre al Congreso un proyecto de reforma a la justicia. El proyecto prevé importantes recortes constitucionales para la acción de tutela (amparo), excluyendo del derecho a un recurso efectivo, rápido y sencillo la protección de derechos fundamentales como el principio de igualdad y no discriminación, la protección de los niños, los derechos de la mujer, el derecho a la salud, y otros derechos económicos, sociales y culturales. Los recortes propuestos a las funciones de la Corte Constitucional, en particular en materia de revisión de la declaratoria de estados de excepción, pueden provocar un debilitamiento de los controles judiciales y un sometimiento de los principios de legalidad y del estado de derecho a decisiones o instrumentos de orden político .

82. En relación con la lucha contra la impunidad, las políticas estatales parecen haber registrado un debilitamiento en el transcurso del período cubierto por este informe, como se indica en el capítulo VIII. Los altos índices de impunidad siguen afectando la administración de justicia. En este aspecto, la Oficina no pudo registrar avances significativos en procesos, tanto penales como disciplinarios, que sancionen a funcionarios públicos responsables de graves violaciones de derechos humanos . Algunos altos oficiales militares, en ejercicio y en retiro, acusados de vínculos con paramilitares y de graves violaciones de derechos humanos, han eludido la acción de la justicia, ya por intervención de la justicia penal militar, ya por decisiones de la Fiscalía y de la Procuraduría . La justicia penal militar continuó investigando casos de violaciones de derechos humanos e infracciones al derecho internacional humanitario cometidas por miembros de la fuerza pública, a pesar de la interpretación constitucional restrictiva del fuero y de la modificación de los códigos penal militar y ordinario .

83. El conflicto armado interno y la actuación delictiva de los grupos al margen de la ley, que amenazan a los funcionarios judiciales y a otros intervinientes en los procesos penales y atentan contra la vida y seguridad de éstos, tienen un fuerte impacto sobre el acceso de las víctimas a una justicia efectiva e independiente.
Situación carcelaria

84. Para enfrentar la crisis carcelaria, la acción del Estado se concentró principalmente en la construcción de centros de reclusión para albergar a personas condenadas y la remodelación de otros centros destinados a la detención de personas sindicadas.

85. La ausencia de un sistema de información consolidado hace que la supervisión y el control del uso de la privación de la libertad sean particularmente difíciles. Aunque las autoridades han realizado algunos traslados, con el fin de cumplir con la separación de sindicados y condenados, como en la cárcel de Valledupar, por ejemplo, según el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC) varios centros de reclusión presentan un alto grado de hacinamiento, en ocasiones mayor al 100% de su capacidad. Esto indica que la crisis de hacinamiento no ha podido superarse.

86. La Oficina recibió múltiples quejas relativas al abuso del poder penitenciario, generalmente originadas en la aplicación de sanciones disciplinarias o en el uso de la fuerza por parte de la guardia penitenciaria, que podrían constituir casos de tortura y tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, y aun violaciones del derecho a la vida. La Oficina recibió información sobre casos en los cuales el exceso del uso de la fuerza pudo haber producido la muerte de las víctimas, como por ejemplo la muerte de Luis Preciado Osorio en la Penitenciaría Nacional de Valledupar, en el mes de marzo.

87. Por ausencia de una política integral, la autoridad penitenciaria ha asociado la reacción estatal a los eventos coyunturales de inseguridad e indisciplina, que involucran a un número determinado y reducido de presos, en perjuicio de la obligación general de proporcionar un trato humano y digno a todas las personas privadas de libertad. El Ministerio de Justicia y el INPEC anunciaron que adoptarían medidas para racionalizar el funcionamiento del sistema. Las recomendaciones contenidas en el informe sobre la situación carcelaria presentado el pasado año por la Oficina y la Defensoría del Pueblo constituyen una herramienta de trabajo a partir de la cual, junto con otras propuestas, puede iniciarse el camino hacia cambios necesarios en el sistema penitenciario y carcelario.

3. Desplazamiento forzado

88. El desplazamiento forzado de población registró un significativo crecimiento, afectando gran parte del territorio nacional , debido a su utilización, cada vez más frecuente, como una estrategia de guerra. Una característica preocupante del año fue el aumento de los desplazamientos intraurbanos. Según la Red de Solidaridad Social , en los primeros nueve meses de 2002 los paramilitares fueron responsables del 30% de los casos de desplazamiento y los guerrilleros del 14%. En poco menos de 1% de los casos se responsabilizó a las fuerzas armadas. En el 52% de los casos, dos o más actores armados serían los responsables.

89. A esta situación contribuyó la ausencia de una política integral de prevención por parte del Estado. Tampoco se ha avanzado en materia de lucha contra la impunidad de los responsables de los desplazamientos. Según la Red de Solidaridad Social, del 1º de enero al 30 de septiembre se desplazaron unas 231.000 personas. Durante el mismo período, la organización no gubernamental (ONG) Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES) registró algo más de 350.000 personas desplazadas. A pesar de los avances obtenidos en la cobertura del Sistema Único de Registro (SUR) y en la asistencia humanitaria de emergencia, persisten obstáculos en el acceso a los programas estatales y a soluciones duraderas, y dificultades para el goce de los derechos económicos, sociales y culturales. De particular preocupación es la situación de las mujeres, los niños, los indígenas y los afrocolombianos desplazados.

90. La Red de solidaridad Social ha presentado avances en la coordinación interinstitucional, así como en la consolidación del Sistema Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada (SNAIPD), aunque esta última se ha visto obstaculizada por el diferente grado de compromiso de las distintas entidades que lo integran. Igualmente, pese a los esfuerzos realizados por la Red de Solidaridad Social , el nivel de participación en los programas de atención de algunos departamentos y municipios sigue siendo bajo. La Ley Nº 387 de 1997 condiciona la atención de los desplazados a la disponibilidad presupuestal de las entidades estatales. Existe un déficit entre los recursos asignados y las necesidades de sus destinatarios.

91. La prevención de los desplazamientos sigue siendo el componente más débil de la política de atención. Persiste la debilidad del Estado para proporcionar la seguridad a las comunidades en riesgo frente a la expansión geográfica del fenómeno. En ocasiones, frente a una alerta de desplazamiento han primado la seguridad militar o el cuidado de la infraestructura sobre la protección de la población civil.

92. La Defensoría del Pueblo ha incrementado el acompañamiento y la protección en algunas regiones del país, como los prestados a las comunidades en riesgo del Pacífico, y ha avanzado en la organización del Sistema de Alerta Temprana (SAT). Sin embargo, las limitaciones presupuestarias de la Defensoría le impiden una presencia efectiva en todas las zonas de riesgo, al igual que un seguimiento eficaz a la respuesta estatal frente a todos los informes de inminencia de riesgo transmitidos.

93. Se destacan algunos avances en el restablecimiento socioeconómico de los desplazados. Sin embargo, su efectividad resultó disminuida por la limitación de los recursos asignados, los retrasos en el desembolso, los obstáculos para el acceso al crédito y la limitación temporal de tres meses de la ayuda humanitaria.

94. En cuanto a los retornos, en varios casos carecieron de las condiciones necesarias de seguridad y de dignidad . Se caracterizaron por el insuficiente acompañamiento por parte de las autoridades estatales y por la voluntariedad meramente formal de los mismos, debida a la escasa información y a la falta de alternativas de reubicación o de prórroga de la ayuda humanitaria.

4. Grupos étnicos

95. Los grupos étnicos siguen siendo víctimas de violaciones a sus derechos civiles y políticos, en especial el derecho a la vida, así como de discriminación racial, intolerancia y exclusión social. Sus derechos económicos, sociales y culturales se ven afectados por las condiciones de pobreza y exclusión en las que se encuentran. El conflicto armado agrava aún más esta situación y amenaza, en consecuencia, la existencia misma de varios de estos grupos.

96. De particular preocupación es la situación de la población afrocolombiana, considerada como una de las más pobres del país. Según la Defensoría del Pueblo, el 98% de las poblaciones afrocolombianas carecen de los servicios públicos básicos y el 80% de sus viviendas están caracterizadas por la marginación y el hacinamiento. En el departamento del Chocó, que cuenta con una población 90% afrocolombiana, el 82% tiene sus necesidades básicas insatisfechas.

97. Las violaciones a los derechos civiles y políticos de indígenas y afrocolombianos se agravan, además, por los problemas derivados del control que los grupos armados ilegales pretenden ejercer sobre sus territorios. Con frecuencia, sufren la imposición de bloqueos económicos, el control de alimentos y medicinas, y las restricciones de la circulación de personas, agravando así las precarias condiciones en las que ellos viven . La presencia de esos grupos en los territorios de estas comunidades vulnera, entre otros, el derecho a su autonomía, amenazando la gobernabilidad de sus autoridades y erosionando su identidad cultural.

98. En este contexto de violencia, indígenas y afrocolombianos ?en particular sus líderes? siguen siendo víctimas de ejecuciones extrajudiciales, masacres, amenazas de muerte, desapariciones forzadas, y desplazamiento y reclutamiento forzoso, lo que pone en peligro su existencia como grupo étnico, así como su supervivencia cultural. Entre las violaciones atribuidas a las AUC está el homicidio de María Fabiola L